“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mateo 7:24).
Lectura: Mateo 7:24-27.
Concluimos la parábola de la casa fundada sobre la roca con este texto de Hebreos 12:26, 27: “La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles”. Las cosas inconmovibles son las eternas. Se refiere a la obra que Dios ha hecho en nosotros. La sacudida es necesaria. Dios envía la tormenta para descubrir los cimientos falsos de nuestra vida para que volvamos a edificar sobre lo indestructible.
Lo repetimos con otro texto. Dios envía tormentas sobre cada casa para descubrir cómo está hecha: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (I Cor. 3:11). Descenderá lluvia, vendrán ríos, soplarán vientos y golpearán contra la casa. Si los fundamentos son malos, se verá. La casa caerá. Si esto te pasa es para que recojas los escombros de tu vida y reedifiques solo sobre Jesús, en una íntima relación con Él en que lo oyes y lo obedeces, porque lo amas. Después de toda la sacudida, tu relación con Cristo terminará siendo una relación estable de amor y obediencia, no de legalismo, sino de pura gracia.
Si la casa estaba bien fundada sobre Cristo, también se verá. Permanecerá firme, aunque pase por tormentas tremendas, como en el caso de Job: “Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”. Gloria a Dios.
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