¿SOBRE QUÉ ESTÁ FUNDADA TU VIDA?(3)

    

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mateo 7:24).
Lectura: Mateo 7:24-27.
Seguimos con la parábola de la casa fundada sobre la roca, en el apartado sobre mero conocimiento bíblico sin una relación real con Jesús. El libro de Apocalipsis empieza con cartas del Señor Jesús a las iglesias de Asia. En cada una Él les dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. El Espíritu habla por medio de la palabra que Jesús está dando (Mateo 7:24). Selah. El legalismo es conocimiento de la Biblia sin oír lo que el Espíritu está diciendo. Un buen ejemplo de mero conocimiento bíblico es Pedro. Tenía mucho conocimiento de las Escrituras. ¿Y qué le pasó? Aconsejó a Jesús a no ir a la Cruz; cortó la oreja de uno de los hombres que venía a prenderlo; negó a Jesús. Necesitaba el quebrantamiento y al Espíritu Santo. Cuando recibió todo lo que conocía de las Escrituras cobró vida.

  1. Mi ministerio es un quinto fundamento falso para la vida.  Para ilustrar este punto puedo usar un ejemplo de mi propia vida. Como la esposa del pastor, tenía mucho ministerio, pero cuando salimos de la iglesia, lo perdí, juntamente con la iglesia, la vivienda, el barrio, el sostenimiento económico, las amistades, y el contacto con la gente que era tan importante para mí. Fundar la vida sobre el ministerio es fundarla sobre nuestra propia utilidad e importancia. Tener un ministerio exitoso conduce a muchas tentaciones. Alimenta el orgullo y todos sabemos que “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Prov. 16:18). La destrucción de estos fundamentos falsos produce mucho dolor, mucho. La única cosa que puede salvar la vida colapsada con tanto dolor es una íntima relación con Jesús mismo. De esto vamos a hablar ahora.

III. La base que sí sirve de buen fundamento:
            Es edificar sobre la roca, que es Jesús, pero aquí tenemos que matizar. No es solo “creer en Jesús”. Es mucho más que esto. Es recibir su palabra y obedecerla. Esto es lo que tenemos en Is. 50:4, 5: “Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios. Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás”.  Significa tener una intimidad con Jesús en que su voluntad llega a ser la nuestra. Es oírlo y obedecerlo, porque lo amamos. Obedecerlo es hacer lo que Él pide, porque lo amamos, y lo que pide es que lo amemos con todo el corazón, mente, voluntad y fuerzas y al prójimo como a nosotros mismos.
            Vendrá la tormenta. ¿Qué te pasará a ti si tu pastor te falla, tu marido se va con otra, tu ministerio colapsa, tu iglesia se divide, pierdes tu trabajo y tus hijos se apartan del Señor? Si tu vida estaba centrada en una de estas cosas, caerás en depresión, tendrás una embolia, te amargarás, o perderás la fe. Tu “casa” se caerá. Pero de los escombros Dios te ayudará a reedificar. La vida de David es un buen ejemplo. El conocía los diez mandamientos, pero no obedeció a dos de ellos. Y su vida se hundió. En el Salmo 51 tenemos su arrepentimiento. Y ¿cómo termina el salmo? Con la edificación de Jerusalén. Fue reedificada muchas veces, y muchas vidas de creyentes han sido reedificadas, pero sobre el correcto fundamento. 

 

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