MI VIDA ESTÁ MAL

    

“Haz bien con tu benevolencia a Sion; edifica los muros de Jerusalén. Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada; entonces ofrecerán becerros sobre tu altar” (Salmo 51:18, 19).
 
Lectura: Salmo 51:10-19.
 
            ¿Qué haces cuando tu vida da asco? Esta puede ser una reacción normal de la persona que de repente se da cuenta de cómo ha estropeado su vida. Queda horrorizada. Decide que iba por el camino de la autodestrucción y que tiene que cambiar. Así que busca a un buen sicólogo y decide seguir sus directrices para cambiar. El sicólogo marca una serie de pasos que debe tomar para salir del hoyo negro en el cual se ha metido, y la persona decide acceder para empezar una nueva vida.
 
            Esto no es lo que pasó con David. ¡Ni siquiera se había dado cuenta de que su vida estaba mal! Él nos explica cómo cambió en la contextualización que da al Salmo 51: “Al músico principal. Salmo de David, cuando después que se llegó a Betsabé, vino a él Natán el profeta”. David recibió una visita del profeta Natán con una poderosa palabra de parte de Dios que dio en el blanco. Dios lo visitó en aquellos momentos dándole la convicción del pecado. Este es uno de los regalos más grandes que Dios nos puede dar, la convicción de pecado. Es algo sobrenatural. Dios nos revela el estado de nuestro corazón. No es un mero “darnos cuenta”. Es una revelación de parte del Espíritu Santo en que vemos nuestra vida con los ojos de Dios. Sentimos la suciedad que hay en ella con los mismos sentimientos de Dios. Nos da la misma repugnancia que siente Él. Somos conscientes del abismo que nos separa de Dios. Por un lado, percibimos la luz de la santidad de Dios, y, por el otro, la oscuridad que nos envuelve. Sabemos con una certeza verídica que, si Dios no toma un paso en nuestra dirección para limpiarnos, no hay nada que hacer, que estamos justamente condenados. Con más exactitud, sabemos que, si Dios no nos condenase, no sería justo. Debería ponernos en el infierno, porque esto sería lo justo. Si no lo hiciese, no sería justo. Tendría toda la razón al condenarnos. Este himno expresa lo que pasa en estos momentos:
 
            A mis pies, el infierno se abrió
Y clamé con el alma a Jesús
Y al instante la escena cambió
En la hermosa visión de la cruz.
 
            En este salmo, David relata lo que le pasó cuando Dios lo convenció de pecado. Clamó con el ama a Dios, confesó lo que había hecho, pidió un corazón limpio, que Dios no lo desechase, que escondiese su rostro de sus pecados, y que borrase todas sus maldades. Entonces ofrecería sacrificios por su pecado (porque vivía antes de la cruz de Cristo), y Dios lo perdonaría. Y después, ¿qué? Después, la reconstrucción. Estos versículos al final del salmo (que hemos citado en la cabecera de la meditación) no son un pegote inapropiado, sino una lógica conclusión. Después de salir del desastre de su vida, ¿qué iba a hacer David? Reconstruirla. Cogería los escombros de su vida y la reconstruiría. Dios está en el negocio de la reconstrucción. Mira los libros post exílicos. Cuando los judíos volvieron del exilio que resultaba de su pecado, ¿qué hicieron? Reconstruyeron. Y eso es lo que hacemos después con las ruinas causadas por nuestro pecado. Reconstruimos algo hermoso por y para la gloria de la gracia de Dios.
 

   

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