LA VISTA DESDE ARRIBA

    

“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo…
 
Lectura: Mat. 5:1-6.
 
            Jesús subió la montaña y se sentó, y sus discípulos vinieron a Él y les enseñó.  Él sube nuestras montañas antes que nosotros y desde allí nos enseña lo que necesitamos saber para cuando bajamos al valle. Desde arriba vemos el valle de otra perspectiva. Estando arriba con Jesús escuchándolo, nos dice que somos bendecidos si somos pobres, si lloramos, si somos puros. Él contempla nuestras circunstancias desde la perspectiva del cielo. Piensa en el resultado de lo que estamos pasando ahora y cómo nos beneficiará en el cielo. Él no ve las cosas desde nuestro punto de vista y quiere enseñarnos a tener su perspectiva acerca de cómo lo que estamos pasando ahora nos prepara para cuando estemos en el Cielo, y cómo afecta nuestra herencia allí.
 
            Becky escribe: Encontré este pasaje de consuelo hoy, como si el Señor nos estuviese poniendo su brazo alrededor de nuestros hombros. Yo me imaginaba entre este grupo de discípulos que subían la montaña. Llevaba yo muchas preocupaciones en la mente y cargaba temas que me inquietaban. Tiendo a pensar en los discípulos como papeles en blanco, listos para recibir del Señor, pero no lo eran. Eran seres humanos que llevaban una carga emocional como nosotros. No sé cuáles eran las emociones que llevaban consigo cuando escuchaban estas palabras. Tú te sientas y escuchas a Jesús y no eres un papel en blanco. Yo en aquellos momentos llevaba una carga de cosas que me hacían enfadar y estaba intentando perdonar a los responsables. Nos acercamos a Jesús con muchas emociones y Él nos recibe con compasión y verdad. Le oigo decir: “Bienaventurados los pobres en espíritu” y me dice la verdad, que ahora no estoy siendo ni pobre en espíritu, ni mansa. Yo había escuchado la frase “pobres en espíritu” muchas veces, pero no estaba segura de su significado, así que lo consulté. Significa que sabes que sin el Señor estás en bancarrota moral. Sabes que no puedes conseguir tu propia salvación o justicia sin Jesús. ¡De esto yo estoy bien segura! Oigo: “Bienaventurados los que lloran”. Lloro, estoy de duelo, no porque he perdido a un ser querido, sino debido al estado en que está el mundo. Tengo opiniones muy fuertes acerca de la sostenibilidad, y mi espíritu llora por lo que le hemos hecho a la naturaleza, y porque no hay justicia. Lloro por cómo afectará a mis hijos. En cuanto a los discípulos que escucharon estas palabras, me pregunto qué les hacía llorar y cómo veían su propia justicia, y si ellos se sentían mansos. ¿Qué habrían pensado ellos?
 
Querido Señor, te doy muchas gracias por tu consuelo. Gracias porque nuestro sufrimiento presente está consiguiendo un eterno peso de gloria, y porque el sufrimiento presente no se puede comparar con esa gloria venidera. Padre, gracias por Jesús, porque Él es nuestra justicia. Sé que estoy en bancarrota total sin Él. Pido que me des tu perspectiva de la vida, que sepa que lo que pasamos ahora es momentáneo, que mi sufrimiento no tiene punto de comparación con el de otros hermanos míos en otros países, quienes están glorificando tu nombre por medio de su sufrimiento. Pido misericordia y luz para los que causan sufrimiento en mi vida y en la de mis hermanos, porque tú me mostraste misericordia a mí. En el nombre de Jesús. Amén. 

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