BENDICIONES QUE ME ESPERAN

    

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:6-9).
 
Lectura: Mat. 5:10-12.
 
            Becky escribe: “Es interesante mirar esta lista y pensar en las bendiciones que estoy puesta para recibir y en las que no, y, ¿por qué no? La primera de las bienaventuranzas dice: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los Cielos”. Yo, como dije ayer, estoy muy consciente de mi pobreza de espíritu, por lo tanto, el reino de los cielos es mío.
 
“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”. Pues, yo he llorado mucho últimamente, así que, recibiré consuelo.
 
“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. La palabra que me viene a la mente cuando se pronuncia la palabra “manso” probablemente no soy yo. No soy mansa. No puedo pretender serlo. Tengo un carácter fuerte que no tolera la injusticia infligida en otro o en mí misma.
 
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. La verdad es que sí que tengo hambre y sed de justicia, así que aquí hay otra bendición para mí.
 
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. Esta cualidad a veces la tengo y a veces, no. Tiendo a tener menos misericordia con la gente que está por encima de mí que con la gente que está por debajo, esta es la realidad. Pero pienso, pues, que no estoy llamada a juzgarlos, pero sí que muestro misericordia a los oprimidos y a los pobres. Creo que a veces debo mostrar más misericordia a los que tengo por encima.
 
“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”. Mi corazón no es puro. Está en el proceso de purificarse, pero no es puro. En este momento está lleno de ira, con mucha ira a causa de las injusticias que encuentro en el trabajo. Necesito que el Señor me quite esta ira y que me dé su paz.
 
“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. La verdad es que no he estado trabajando para la paz últimamente. De hecho, he estado produciendo conflictos, porque estoy harta de muchas cosas. Así que la pregunta que tengo que contestar es si esto está bajo la dirección del Espíritu Santo o si es mi carne.  Si soy honesta, la respuesta es que a veces sí, y a veces, no. Creo que el diablo está por allí para robarme la paz y estorbar mis esfuerzos de traer la paz, y, tengo que decir que a veces caigo en su trampa”.
 
            Cada uno de nosotros podemos examinarnos, como hizo Becky, para ver cómo vamos con estas cualidades que deben formar parte de nuestro carácter.

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