“Porque contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz” (Salmo 36:9).
Lectura: Salmo 36:5-9.
En la Biblia, la vida y la luz van juntas porque ambas tienen su origen en Dios, pues forman parte de lo que Él es. Existen en el mundo porque Dios existe. Fuera de Él no hay ni vida, ni luz; todo es muerte y oscuridad. Por eso el destino final de los que no vienen a Dios es la muerte eterna en la más densa oscuridad. Pero lo contrario es vida eterna en la luz de la presencia de Dios.
Con Dios está “el manantial de la vida”. La vida fluye de Él como un río de vida, cada vez más profunda. Es el río que Ezequiel vio en visión: “He aquí aguas que salían de debajo del umbral de la Casa”, el Templo de Dios, y crecieron para formar un río: “Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entraré en este río” (Ez. 47:1, 9). El Señor Jesús nos explicó que este río es el Espíritu Santo que fluye de Dios, y que cuando venimos a Jesús y bebemos de Él recibimos el Espíritu Santo que fluirá de nosotros en vida a otras personas: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua vida. Esto dijo del Espíritu” (Juan 7:38, 39). La Biblia termina y culmina hablando de este río: “Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero” (Apoc. 22:1). El río del Espíritu nace del interior de Dios y del Cordero y fluye del trono y da vida a todo lo que está en el paraíso de Dios: “Y no habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará” (Apoc. 22:5), y lo hará porque Dios es Luz. El Espíritu de Dios es Vida. En este último pasaje de la Biblia tenemos Vida y Luz juntos otra vez, y para siempre en el paraíso de Dios a donde van los que creen en Jesús. Allí esta luz iluminará nuestras mentes y entenderemos toda la verdad de Dios.
Volvemos al salmo con el cual empezamos: “Porque contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz”. La primera palabra es “Porque”, porque explica por qué recibimos tantos beneficios de Dios. La respuesta es porque Él es Vida y Luz. Lo que Dios es nos da: vida y luz. ¿Y qué es Él? Es misericordia y fidelidad: “Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, y tu fidelidad alcanza hasta las nubes”. Es justicia y sus juicios son justos: “Tu justicia es como los montes de Dios, tus juicios, abismo grande” (36:5, 6). La justicia de Dios fue ejecutada sobre su Hijo en la cruz, donde su misericordia hacia nosotros fue manifestada y nosotros fuimos declarados justos, porque Jesús quitó de en medio nuestro pecado. Ahora estamos amparados “bajo la sombra de sus alas” (36:7), en un lugar oscuro, pero reconfortante. En el Día del Juicio Dios será fiel a lo que hizo Jesús por nosotros y nos contará como justos. Por eso estamos invitados a comer de su mesa donde estaremos “saciados de la grosura de su casa y beberemos del torrente de tus delicias” (36:6). “Tú aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores” (Salmo 23:5), ahora en esta vida, y ya sin angustiadores en la otra. Dios es el que sacia nuestra alma, porque en Él está el manantial de la vida, la vida física y espiritual, y Él es la Luz que nos da el entendimiento de la vida, la temporal y la eterna. Él ha iluminado nuestra mente y lo que vemos es la hermosura de Jesús, nuestro Dios y Salvador.
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