“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos” (1 Corintios 1:18, 19).
Lectura: 1 Cor. 1:18-24.
“¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?” (1:20). Dios dice que Él destruirá la sabiduría de los sabios. Pablo aquí está citando al profeta Isaías: “He aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso: porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos” (Is. 29:14). El apóstol lo dice dos veces, como en la cita de Isaías, repitiéndolo aquí y en el versículo que aparece en el encabezamiento del devocional: “Destruiré la sabiduría de los sabios”. Lo enfatiza. ¿Cómo lo hace? Mostrando el resultado de la sabiduría del mundo.
Hemos visto el cumplimiento de esta profecía en nuestra generación. La sabiduría de este mundo es locura. Es absurda. Pura insensatez. Y es autodestructiva. La sabiduría del mundo dice que un hombre se puede convertir en mujer y una mujer en hombre. Es imposible, porque siempre se nota. Destruye a la persona. Es locura. La sabiduría de este mundo dice que una mujer se puede acostar con todos los hombres que quiera. La destruye. La deja insensible al amor. La sabiduría del mundo dice que los niños pueden decir a sus padres lo que ellos van a hacer. No hay límites. Esto acarrea la destrucción de sus vidas jóvenes. La sabiduría de este mundo dice que las normas de Dios son obsoletas. Deja el mundo sin ley. Esto conduce a la anarquía y al caos. La sabiduría de este mundo dice que lo que nosotros consideramos incorrecto realmente es correcto. Esto destruye a la sociedad dejándola sin justicia. Ahora estamos viviendo en un mundo que se ha vuelto loco. Las mujeres han invertido el orden divino y han subyugado a los hombres. Los matrimonios se deshacen. Los niños se quedan sin padres. Están subiendo en un mundo que ha perdido el norte. Esta confusión total los está destruyendo.
Lo impresionante es que ¡Dios lo ha hecho! Es lo que ha dicho que haría: “Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos”. Ha dejado que el mundo rebelde se destruya. Es su juicio sobre un malvado y reprobado mundo.
Si el mundo está loco para el cristiano, lo opuesto es verdad también: el evangelio es locura para el mundo. Dios escogió un evangelio que no es atractivo para la mente natural. Es un evangelio que nadie descubriría por sí solo. Por un lado, hace falta ser cierta clase de persona para comprender el evangelio, y, por otro, Dios se lo tiene que revelar. Las dos cosas tienen que coincidir: un corazón preparado, y un Dios que lo busca.
¿Por qué hizo Dios el evangelio tan difícil de creer o entender? Un niño puede entenderlo. Un hombre penitente lo encuentra perfecto. Y un creyente humilde lo capta. Una mente inteligente y piadosa que busca a Dios lo aprecia y lo encuentra brillante. Requiere una persona con un corazón deseoso de Dios para poder recibirlo. Dios lo hizo así porque Él es selectivo. No quiere que una persona con un corazón reprobado descubra el Evangelio y encuentre la salvación. ¿Cómo, pues, consigues que una persona crea el Evangelio? No puedes. Dios tiene que preparar su corazón, y tiene que ser cierta clase de persona. Dios tiene que dirigirte a esta persona. Entonces, ¡eureka! ¡Gol!
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