“Yo Jehová escudriño la mente” (Jer. 17:10). “Yo soy el que escrudiña la mente” (Ap. 2:23).
“Amarás al Señor con toda tu mente” (Mat. 22:37).
No hay lugar en nuestra mente para nada que no encaje con nuestro amor por el Señor. No queremos tener ni un pensamiento que le desagrade, sino toda la mente funcionando bien por amor a Él.
“Más nosotros tenemos la mente de Cristo”. (1 Cor. 2:16). Hemos de aprender a pensar con la mente de Cristo, como Él pensaba, con las actitudes, pensamientos y deseos que Él tenía. El mandato es: “Renovaos en el espíritu de vuestra mente” (Ef. 4:23). Debemos obedecer hasta conseguirlo.
Deseamos tener la mente bien limpia sabiendo que el pecado ya empieza con nuestros pensamientos; por eso es tan necesario tenerlos bien controlados. El Señor dijo, por ejemplo, que el adulterio empieza en la mente: “Yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mat. 5:28). Es vital que “llevemos cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Cor. 10:3-5).
Si tenemos el hábito de criticar, de pensar negativamente, de conversar acerca de todo lo que está mal, cuesta romperlo, pero es posible. Hemos de corregirnos cada vez que nos encontramos pecando con nuestra mente. Es pecado dejar que la mente divague por caminos negativos. Dios nos manda a pensar en lo bueno: “Hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Fil. 4:8). Es pecado no quitar de nuestra mente pensamientos críticos de juicio sobre otros.
Como el Señor nos manda tener cierta mentalidad, una mentalidad cristiana, es pecado no desarrollarla, no estar siempre gozosos, no orar sin cesar, no dar gracias en todo: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo” (1 Tes. 5:16-18).
Es pecado no amar a nuestros enemigos: “Yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mat. 5:44). Confesamos nuestra impotencia de hacerlo y pedimos la ayuda de Dios, que sí que los ama y nos da su amor por ellos.
Es pecado pasar el día preocupándonos. El Señor ya nos ha dado el remedio para ello: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Fil. 4:6). Vivir ansiosos es pecado, porque es desconfianza en Dios.
Y es pecado no mantener la mente anclada en el Señor: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Is. 26:3). Si dejamos que la mente sea arrastrada por la corriente, nos llevará a la deriva. Pero si la tenemos en comunión con Dios, nos llevará a una vida de victoria.
Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.