“Y después de todos murió también la mujer. En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete (maridos que tuvo) será esta mujer, ya que todos la tuvieron?” (Mateo 22:27, 28).
Lectura: Lucas 20:27-38.
Un día vinieron los saduceos a Jesús con una pregunta tramposa para dejarlo en ridículo. Para probar que es absurdo creer en la vida después de la muerte le presentaron el caso hipotético de una mujer que se casó siete veces porque todos los maridos se le iban muriendo. Su pregunta entonces era: “En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer?”. En lugar de quedarse Jesús sin respuesta frente a su pregunta, les contestó con una respuesta brillante que revela la naturaleza de Dios.
Su respuesta tiene dos partes. En la primera parte habla del matrimonio en la vida venidera: “Los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento, porque no pueden más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección” (Lucas 20:35). Su respuesta es que esta mujer no será la esposa de ninguno de los siete, porque en la otra vida no hay casamiento. Pues, el propósito del matrimonio es tener hijos, y en el cielo no hay ni nacimientos, ni muertes.
La segunda parte de su respuesta demuestra que sí que hay resurrección porque Dios es el Dios de vivos, no de muertos: “Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob, porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven” (Lucas 20:37, 38). Una vez que Dios establece una relación con nosotros es para siempre. La muerte no rompe nuestra relación con Dios. Abraham está vivo y ha resucitado para con Dios porque es hijo de Dios e hijo de la resurrección. En la eternidad no existe el tiempo y las cosas allí no ocurren cuando ocurren en este mundo.
Esto va más allá de lo que nosotros podemos entender, porque nuestra mente no alcanza a entender la eternidad, pero es lo que Jesús está diciendo. La naturaleza de Dios es vida. Todo lo que Él toca vive con la vida de Dios, que es vida eterna. Como Él ha tocado nuestra relación consigo, es una relación eterna que continuará intacta cuando nosotros hayamos muerto. Abraham está tan vivo como tú y yo, y lo mismo se puede decir de todos nuestros seres queridos que han muerto en el Señor: están vivos. Es por eso que Jesús pudo decir al ladrón convertido que murió a su lado: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, porque él también era hijo de Dios e hijo de la resurrección. Selah.
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