SEGUIR A JESÚS (2)

“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió” (Mateo 9:9).

Lectura: Salmo 71:5-9 y 17-24.

¿Qué significa seguir a Jesús hoy día para ti que ya eres mayor?

            Seguir a Jesús es un llamamiento para toda la vida, en medio de los días de la juventud con sus desafíos particulares, y en el tiempo de vejez con sus pruebas muy diferentes. Lo que tienen en común todas las etapas de la vida es que siempre es una cuestión de fe, fe en que Jesús sabe a dónde va y es capaz de hacerte llegar allí, juntamente con todo el grupo de sus discípulos. Es la misma fe que te salvó, ya madura y capaz de enfrentar pruebas mucho más fuertes que al principio del camino. La fe no se envejece con la edad, al contrario, se vuelve cada vez más madura y fuerte. Ahora nuestra responsabilidad consiste en mantener el paso, mantener los ojos puestos en Jesús, y seguir su ritmo. Seguir a Jesús como personas mayores significa:

  • Seguir leyendo la Biblia cada día y mantener nuestra vida de oración.
  • Pasar más tiempo en recogimiento con el Señor, llevándolo todo a él por medio de la oración.
  • Velar y orar (1 Pedro 5:8), porque el adversario quiere destruir nuestro testimonio ya casi al final del camino para ver si puede deshacer el bien que hicimos de jóvenes para dejarnos con una entrada arruinada en el reino eterno (2 Pedro 1:11).
  • Resistir al diablo, firmes en la fe, porque nos quiere devorar, especialmente en esta etapa de la vida cuando nuestras fuerzas han mermado (1 Pedro 8, 9).
  • Asistir a la iglesia todo lo que podamos.
  • Mantener la comunión y colaboración con la iglesia por los medios de comunicación que las facilitan, como reuniones de Zoom o grupos de oración de WhatsApp.
  • Conservar las amistades cristianas que formamos hace años, orando por ellas, y visitándolas cuando sea posible.
  • Si hay nietos, orar mucho por ellos para que conozcan al Señor, y, una vez convertidos, sean fieles hasta el fin.
  • No dejar nuestro primer amor (Apoc. 2:4) en esta etapa tardía de la vida, deslizándonos, no dependiendo de la espiritualidad que tuvimos hasta ahora, sino que podamos tener la actitud de Caleb que dijo: “Dame este monte” (Josué 14:6-14), preparado para la guerra y la conquista de nuevos terrenos para el Señor con la edad de 85.
  • Aceptar todo lo que nos ocurre como viniendo de la mano de Dios para nuestro bien, tanto si nos lo parece, como si no nos lo parece. Dios dice que lo es (Rom. 8:28).
  • No permitir la ansiedad en cuanto al futuro: ¿Dónde viviré? ¿Quién me cuidará? ¿Con qué dinero voy a vivir? ¿Qué será de mi salud? ¿Qué pasará con mi casa? Sino vivir según esta instrucción del apóstol: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Fil 4:4).  
  • Afrontar la muerte con la actitud del apóstol Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”, porque es nuestro testimonio. Entonces podremos decir: “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día” (2 Tim. 4:7, 8). Amén. Así sea.
  • Vivir anticipando el paraíso del cual habló el Señor Jesús a su nuevo amigo en la hora de su muerte (Lucas 23:43) y dar gracias a Dios continuamente por la hermosura que nos espera con Él.  

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