NUESTRA FORTALEZA

“Jehová es la fortaleza de mi vida” (Salmo 27:1).

Lectura: Salmo 27:1-14.

[1]Gracias, Señor, porque esto es cierto. Tú eres la fortaleza de mi vida, el lugar de refugió a donde puedo huir, y siempre lo has sido. Intentaba encontrar refugio en tantas otras cosas, o en algunas personas y, en primera instancia, en mí misma. Señor, ayúdame a siempre encontrar mi refugio en ti, que el número que marque en casos de emergencia siempre sea el tuyo, que en el momento de crisis, de enfado, de tentación, de incertidumbre, mi reacción inmediata sea la de orar.

Señor, gracias por el privilegio que tenemos al poder inquirir en tu Templo, gracias por nuestro asombroso privilegio de tener acceso al lugar santísimo y arrodillarnos en adoración a tus pies, y pido que nunca lo tomemos a la ligera. Pido por un espíritu de sagrado asombro y reverencia a la hora de usar nuestro privilegio de contemplar tu hermosura. Señor, que sepamos que estamos bajo la cobertura de tus alas, y que ningún mal nos puede alcanzar, salvo aquel que tú permites para nuestro beneficio eterno y salvación. Señor, pido que estemos profundamente arraigados en ti, que podamos encontrar toda nuestra confianza en ti, que seamos como aquel árbol plantado junto a ríos de agua viva. Gracias que has puesto nuestros pies sobre una roca, la Roca que es Jesús, y que nunca salgamos de ella.  

Señor, pido tu protección sobre nuestros hijos en esta semana. Guárdalos de todo mal, de tentación, de amigos que aparentan ser fieles pero no lo son, de la mentalidad de este mundo, de los planes sagaces del maligno que está buscando a quien devorar. Pido tu protección sobre ellos, que tus ángeles los rodeen, y que ellos también sean guardados seguros en la fortaleza que es Jesús. En su Nombre te lo pido, amén. 

Llama la voz de mi Salvador: Busca mi rostro, búscame a mí.
Tu rostro buscaré, oh Señor; no escondas más tu rostro de mí.

Oye mi voz con que clamo a ti;
Amado Señor, no te apartes de mí;
Respóndeme con palabras de amor;
Ten misericordia de mí, oh Señor.

Aunque mis padres se olviden de mí,
Amparo seguro encuentro en ti,
Enséñame, oh Señor, tu virtud
Y dirige mis pasos con rectitud.

Hubiera yo desmayado, Señor,
Si yo no creyese ver tu bondad.
Espera en Dios, aguarda su amor,
Y tu corazón él alentará.

[1] Ora Becky Cretney, basándose en este salmo y luego cantamos uno himno de David Burt basado en él.  

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