LA OPORTUNIDAD

“Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad, y sucedió que un varón llamado Zaqueo…”  (Lucas 19:1, 2).
 
Lectura: Lucas 19:1-4.
 
            Seguramente Zaqueo había oído hablar de Jesús, y posiblemente le había llegado la noticia de que Mateo, otro cobrador de impuestos, se había agregado al grupo de discípulos que seguía a Jesús. El caso es que Zaqueo ya estaba tomando pasos para poner su vida en orden delante de Dios. Había empezado a dar la mitad de sus bienes a los pobres y, a los que había defraudado, se lo devolvía cuadruplicado. En medio de estos cambios tan importantes en su vida, supo que Jesús iba a pasar por la ciudad donde él vivía y decidió que aprovecharía la oportunidad para verlo. ¡Estaba buscando a Dios y Jesús se le presentó! Zaqueo, pues, se subió al sicómoro para ver si podía verlo, y esperó a que pasara por allí. Se le había presentado una oportunidad única y la aprovechó.  
 
            Nuestra relación con Dios consiste en una serie de oportunidades que se nos van presentando y, si las aprovechamos, estas nos conducen a otras oportunidades, y más puertas se nos van abriendo, y así vamos adelantando en nuestra relación con Dios, a veces poco a poco, y otras veces con pasos gigantescos. La cuestión es aprovechar la oportunidad que se nos presenta hoy y veremos a dónde nos conduce.
 
            Para Zaqueo, la oportunidad de ver a Jesús se convirtió en la oportunidad de tenerlo en casa, y esta se convirtió en su salvación, que a su tiempo se convertiría en la oportunidad de vivir una vida de aprovecho, utilizando sus riquezas para beneficiar a mucha gente necesitada. Tal vez introduciría cambios en la estructura de impuestos en toda la zona que estaba bajo su autoridad, pues él “era jefe de dos publicanos”. Su situación, ya bajo el señorío de Jesús, le habría dado grandes oportunidades para servir al Señor, cosa que finalmente lo habría conducido a una “amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:11). 
 
Padre, te pedimos que nos muestres cuáles son las oportunidades que tenemos hoy, y que las podamos aprovechar bien para tu reino. En el Nombre de Jesús, amén.   

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