“Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel. Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto” (Levítico 16:8-10).
Lectura personal: Mateo 5:17-19; Levítico 16.
- ¿Qué había dentro del Arca de la Alianza?
El Trono de Dios era el único mueble que ocupaba el Lugar Santísimo (Ex. 25). Estaba formado por el Arca de la Alianza, o el Arca del Pacto entre Dios y el hombre, que era un arca en forma de un gran cofre. La cobertura formó el propiciatorio, o el asiento del Trono de Dios donde residía su presencia aquí en la tierra. El arca fue respaldada por dos querubines de oro que se alzaban para formar el techo del trono. Hemos de notar que la santidad de Dios no es compatible con el pecado del hombre. ¿Cómo podía vivir Dios con el hombre en la tierra como convive con los santos ángeles y querubines en el Cielo? Solo es posible si el pecado del hombre está expiado. A este efecto, la sangre de los animales sacrificados en el patio del Tabernáculo era rociada sobre el asiento del Trono de Dios, el propiciatorio, para reconciliar al hombre con Dios.
Dentro del Arca de la Alianza había una urna de oro que contenía maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto. El maná representaba a Jesús: “Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo” (Juan 6:49-51). La vara de Aarón que reverdeció representaba la resurrección de Jesús de la muerte. Y las tablas del pacto, es decir, de la ley de Moisés, eran el preludio del Evangelio, pues, cuando intentamos guardar la ley vemos nuestra incapacidad y clamamos a Dios, culpables, buscando un Salvador. “Por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Rom. 3:20).
- ¿Cuántos machos cabríos había? ¿Qué ocurrió con cada uno de ellos?
Había dos machos cabríos. Se degollaba el primero: “Degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo, adentro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio” (Lev. 16:16). Y luego mandaba el segundo al desierto para desaparecer para siempre: “Y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto” (Lev. 16:21). “En este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová” (Lev. 16:30). El simbolismo de este día de expiación es maravilloso. Se necesitan dos cabras para representar a Jesús porque Él hizo dos cosas: pagó por nuestros pecados con su muerte para acercarnos a Dios, y los alejó de nosotros para siempre para nunca más ser encontrados.
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