«Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones» (Hechos 2:42).
Los primeros cristianos hacían muchas cosas: atendían a las necesidades los unos de los otros (Hechos 2:45), ofrendaban para otras iglesias, cantaban salmos, himnos y cánticos espirituales (Ef. 5:29), cosían ropa para los pobres (Hechos 9:36), sanaban enfermos, se congregaban cada día, pero lo prioritario eran cuatro cosas: la enseñanza de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones.
Es muy importante que tengamos claras nuestras prioridades como iglesia. Hay muchas otras cosas a las cuales podemos dedicar nuestro tiempo y esfuerzo, siempre que no descuidemos lo principal. Si tenemos mucha evangelización, o mucha obra entre niños, o mucha obra social, o ministerio por la radio, puntos de misión, actividades sociales, proyectos para ayudar a otras iglesias, escuelas, bazares, sociedades misioneras, comedores para los pobres de la calle, roperos, boletines, editoriales, comités inter-eclesiales, reuniones de nuestra denominación, reuniones de departamentos de la iglesia, etc., etc., y etc., pero descuidamos estas cuatro cosas, vamos mal encaminados. ¿Estamos haciendo prioritarias cosas que no lo son? La evangelización de cara a la sociedad es el resultado de una vivencia sana dentro de la iglesia. Los primeros cristianos atendieron a estas cuatro cosas «y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos» (Hechos 2:47).
Vamos a mirar brevemente estas cuatro prioridades:
1. La doctrina de los apóstoles:
Esto es central. Tenemos que estudiar la Palabra como congregación, la misma doctrina de los apóstoles. Sigue siendo válida para nuestros días, aunque algunos la cuestionan. La verdad ha sido dada «una vez para siempre» (Tito 1:9). No ha pasado de moda, y no tenemos ningún derecho a modificarla. Sigue vigente para nuestros días tal cual.
2. La comunión unos con otros:
La comunión es hablar del Señor y sus cosas, no solamente en los cultos, sino siempre que estamos con otros creyentes. Es salir del culto y hablar entre nosotros de lo que hemos recibido. Es compartir lo que sacamos de nuestro tiempo devocional. Es buscar activamente la edificación de nuestros hermanos (Ef. 4:29).
3. El partimiento del pan.
La mesa del Señor es la celebración de la muerte, resurrección, y segunda vendida del Señor. Es lo más central del culto. Somos salvos debido a su muerte, justificados por su resurrección, y esperanzados debido a su inminente retorno. (1 Tes. 1:9, 10).
4. Las oraciones.
La reunión de oración está desapareciendo de muchas iglesias. Muchas veces las oraciones son largas, como si íbamos a ser oídos por nuestras muchas palabras (Mt. 6:7) en lugar de por nuestra fe (1 Juan 5:14); son formales, irreales, estereotipadas y hechas sin fervor o un sentido de urgencia. En Hechos 4:24-30 tenemos un ejemplo de las oraciones de los apóstoles.
¡Volvamos a nuestras prioridades y veremos cómo el Señor añade a la iglesia cada día a los que han de ser salvos! Que así sea.
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