SÁNANOS, SEÑOR

  

“Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad” (Marcos 9:23, 24).
 
Lectura: Marcos 9:17-29.
 
            Esta historia nos ha inspirado durante años. ¿Qué es lo que necesitamos para ser sanados? En esta historia vemos que hacían falta dos cosas: la fe y la autoridad. Para ser sanados hace falta una fe suficiente como para recibir la sanidad, pues se recibe por fe. Y también vemos que, en este caso, para ser sanado y para sacar el demonio, hizo falta a alguien con poder y autoridad que hubiese ayunado y orado. Estos eran requisitos que a los discípulos les faltaban. Al preguntar a Jesús por qué no podían echar fuera al demonio, Jesús les contestó: “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno” (9:29). Se entiende que Jesús ya había ayunado y orado. Y fue Jesús quien puso el resto de la fe que hizo falta para sacar fuera al demonio. El padre no tuvo suficiente fe como para ver el milagro, pero puso la poca fe que tenía y Jesús puso el resto. 
 
            No puedo leer esta historia sin recordar una experiencia que tuve. A la sazón sufría por un menisco roto. Estaba en la iglesia, sentada detrás en una silla de ruedas, cuando oí un hombre leer este pasaje y sentí que el Señor deseaba sanarme. Le dije que tenía poca fe y que Él pusiese el resto. Yo puse mi confianza en Él en un acto deliberado de fe, y Él puso el resto. Cuando volví a casa decidí no tomar el medicamento hasta que me volviese el dolor, porque no quería vivir siempre dependiente del medicamento. El dolor nunca volvió.  
 
¡Emanuel! Estamos aquí, esperando sentir tu toque;
Las almas profundamente heridas acuden a ti, y Salvador, tales somos.
 
Nuestra fe es débil, lo confesamos; confiamos en tu Palabra, pero sin convicción,
¿No puedes tener compasión de nosotros a pesar de nuestra incredulidad?
 
Acuérdate del hombre que una vez te suplicó temblando, pidiendo alivio:
“Señor, creo”, con lágrimas lloró; “ayuda mi incredulidad”.
 
La mujer que tocó tu manto en medio de la multitud y robó virtud sanadora,
Fue contestada: “Hija, vete en paz; tu fe te ha sanado”.
 
Como ella, con esperanzas y temores venimos para tocarte, si podemos;
No nos envíes a casa desesperados; no envíes fuera a nadie sin sanarlo.  
 
                                                                       William Cowper, 1731-1800
 
            El escritor de este himno padecía de una aflicción mental crónica. Puede que fuese lo que le inspirase a escribir el himno. Por lo que sabemos, nunca fue sanado, pero Dios le mandó a un pastor amigo que lo acompañó en su enfermedad toda la vida, a John Newton, y juntos compusieron un himnario lleno de maravillosos e inspiradores himnos. ¿Necesitaba esta enfermedad para escribir? En el Cielo ya lo sabremos. 

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