“Si alguno viene a mí, y no aborrece a hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26, 27).
Lectura: Lu. 14:28-30.
Jesús aquí nos ha explicado cual es el coste si queremos ser sus discípulos. Ha puesto dos ejemplos: uno, el del hombre que quiere edificar una torre, y, dos, el del rey que quiere determinar si le interesa ir a la guerra o no. El coste de edificar la torre es total, lo mismo que el coste de ir a la guerra. Este es el coste de seguir a Jesús: “Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”.
Miremos el primer ejemplo. El hombre de la torre “se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla” (14:29). Si no la acaba termina siendo objeto de burla de sus vecinos: “Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar” (14:30). Para los orientales, ser objeto de burla es muy grave. En toda la Biblia lo es. ¡Imagínate terminar toda tu vida y enfrentar la risa irónica de Satanás porque él ha ganado el conflicto contigo! En el caso del Señor, Él siempre termina todo lo que ha empezado (Salmo 138:8; Fil. 1:6). Contó el coste para nuestra salvación. Renunció a todo: a su lugar en el cielo, y luego a todo cuanto tenía en este mundo, hasta acabar en la cruz donde entregó la sangre de sus venas y el aire de sus pulmones, hasta encomendar su espíritu al Padre y morir sin nada, pero después le fue dado todo de manos de su Padre, porque a lo único que no renunció fue a su relación con el Padre que mantuvo hasta el final por medio de la fe y la confianza en que el Padre lo iba a resucitar de los muertos.
En la guerra contra Satanás, ¿cómo era el ejército del enemigo? Consistía en las “huestes espirituales de maldad” contra Jesús, un ejército de uno, más Dios. Jesús luchó con fe en Dios en el poder del Espíritu Santo, con todas las limitaciones de un cuerpo humano, contra Satanás y todas sus huestes. De antemano Jesús pensó en lo que tendría que hacer, porque este es el significado de contar el coste. Pensó que una solo persona equipada por Dios en el poder del Espíritu Santo sería suficiente para vencer a Satanás con todas las armas que tenía en su haber, incluyendo el pecado y la incredulidad. Jesús nunca pecó en toda su vida, y mantuvo su fe en Dios, aunque Dios se ausentó en la oscuridad de la cruz. Mantuvo la fe en que Dios lo resucitaría. Ninguna arma de Satanás prevaleció contra Él.
Así que, Jesús contó el coste, concluyó que tenía suficientes recursos en Dios como para ganar la batalla, y aceptó el desafío de Satanás: entró en combate con él. Y ganó. Edificó la torre que es la Iglesia del Dios vivo, hecha de piedras vivas de todos los países del mundo, de gente que también gana la guerra contra Satanás por el mismo método que usó Jesús.
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