JESÚS, VENGO A TI

  

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar… hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:28, 29).

Heb. 4:14-16.

            Jesús está intercediendo por ti en estos momentos, y sus ruegos son eficaces, siempre. Este himno es una invitación para inconversos a acudir a Jesús para salvación, pero sirve igualmente para cada uno de nosotros en nuestras necesidades. Lo que hemos de hacer es venir a Él. Nos ponemos delante de Él y derramamos nuestro dolor y pena en sus oídos, dejando que Él interceda al Padre de parte nuestro; y ¡encontramos alivio! Jesús tiene un corazón tierno y siente nuestro dolor. Lo llevó a la cruz y todavía tiene la capacidad para llevar nuestro sufrimiento. Lo nuestro es venir a Él

De mi esclavitud, mi tristeza y oscuridad,
  ¡Jesús, vengo! ¡Jesús, vengo!
A tu libertad, alegría y luz,
    Jesús, vengo a ti.
De mi enfermedad a tu salud,
de mi necesidad a tu riqueza,
de mi pecado a ti mismo,
    Jesús, vengo a ti.


De mi vergonzoso fracaso y pérdida,
  ¡Jesús, vengo! ¡Jesús, vengo!
A la gloriosa ganancia de tu cruz,
    Jesús, vengo a ti.
De las penas de la tierra a tu bálsamo,
de la tormenta de la vida a tu calma,
de la angustia al salmo jubiloso,
    Jesús, vengo a ti.


De la inquietud y la arrogancia,
  ¡Jesús, vengo! ¡Jesús, vengo!
Para permanecer en tu bendita voluntad,
    Jesús, vengo a ti.
De mí mismo para morar en tu amor,
De la desesperación a los éxtasis de lo alto,
Hacia arriba por siempre con alas de paloma, ¡
    Jesús, vengo a ti!


Del miedo y el terror de la tumba,
  ¡Jesús, vengo! ¡Jesús, vengo! ¡
Al gozo y al placer, tuyos,
    Jesús, vengo a Ti!
De las profundidades de la ruina indescriptible,
al rebaño que tu amor envuelve,
siempre contemplando tu glorioso rostro,
    ¡Jesús, vengo a Ti!

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