CAMINAR, ESTAR DE PIE, SENTARSE, DELEITARSE[1] (1)

  

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia” (Salmo 1:1, 2).
 
Lectura: Salmo 1:1-6.
 
            No caminamos al paso que marca el mundo. Vamos al paso de un tambor distante. Es el ritmo que marca el tambor de Dios en cuyo sonido nos deleitamos. No paramos en los lugares de los pecadores. Esto nos podría llevar a la tentación. No vamos por allí a no ser que el Espíritu Santo nos instruya a hacerlo con el propósito específico de salvar a los perdidos. No buscamos aceptación de los que el mundo reconoce como importantes, de los que maldicen el Nombre del Señor y no lo alaban, sino que buscamos la compañía de los que aman al Señor, de nuestros hermanos en la fe, con los cuales podemos hablar de las cosas en las que nos deleitamos: en su Palabra y en lo que Él está haciendo, porque sabemos que donde hay dos o tres reunidos en su nombre, allí está Él, caminando en medio nuestro. En Él nos gozamos. Así que caminamos, nos paramos y nos sentamos de la manera en la que el Señor nos instruye, con los que aman su Nombre, como el Espíritu Santo nos dirige. Nos deleitamos en ellos, porque el Señor mismo camina, se para y se sienta en medio nuestro.   
 
            Esta lectura me ha servido de advertencia por parte del Señor al encontrarme en una situación en la que tengo que andar, estar y sentarme con pecadores. Por supuesto, estamos rodeados de pecadores todo el tiempo, pero no caminamos a su paso. Estoy en una situación difícil al estar con gente en mi trabajo que es cáustica en las cosas que dicen acerca de otras personas. Necesito aprender cómo quitarme de en medio de estas conversaciones, y cómo decirles que no quiero participar en sus críticas. Necesito sabiduría. Me siento sucia porque estuve escuchando cosas feas ayer y no supe reaccionar. El problema es que trabajo con ellos.
 
Padre amado, necesito tu sabiduría para saber qué hacer cuando me encuentro con pecadores que tienen conversaciones conmigo acerca de otras personas, menospreciándolas, criticándolas y calumniándolas. Señor, no sé quitarme de en medio de ellos. Necesito tu sabiduría si voy a ser efectiva para el evangelio como dice esta lectura, porque la única manera de serlo es no ser como estas personas. No sentarme o pararme con ellas. ¿Cómo lo hago? No quiero asociarme con ellas. Su lengua es maliciosa, como veneno, y no quiero escuchar lo que dicen, y aun menos quiero participar en estas conversaciones. Te pido sabiduría celestial, porque no la tengo. Ayúdame a ser eficaz, porque no lo soy ahora. Amén.
 
            Después de orar, creo que cuando vea a cierta persona mañana le voy a decir que “quiero aprender a amar y valorar a todas las personas que trabajan con nosotros, que quiero apreciar lo positivo de cada una. Para ello, necesito verlas de otra manera y hablar de ellas de otra manera. Ninguno de nosotros es perfecto, sobre todo, yo. Cada uno está en un punto diferente de su desarrollo. Cada uno tiene cosas positivas con las que contribuir al equipo y necesitamos a cada uno. Tenemos que ayudarnos mutuamente a crecer para tener éxito como equipo”. Espero que ella entienda con esto que no quiero hablar de nadie de forma negativa.  

  [1] Escrito por Becky Cretney, nuestra hija.   

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