PREPARADOS (2)

¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así” (Lucas 12:42, 43).
 
Lectura: Lucas 12:41-48.
 
            El Señor Jesús está ayudándonos a comprender cómo debemos comportarnos mientras esperamos su venida. Para dejarlo bien claro, cuenta una parábola en dos partes. La primera parte versa sobre los siervos suyos que están preparados para su venida y habla de cómo les va a beneficiar. ¡Lo repite tres veces!: “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando” (12:37, 38, 43). Irá bien para aquellos siervos, pero muy mal para los siervos que no están en condiciones para recibir a su señor. Veamos.
 
            “Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarde en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles” (12:45, 46). Este siervo es el mayordomo. Es el encargado de los demás siervos de la casa. Tiene la responsabilidad de atender a sus necesidades para que ellos puedan llevar a cabo sus obligaciones. Al principio este mayordomo se portaba correctamente, pero al ver que su señor tardaba en volver, empezó a maltratar a los criados bajo su responsabilidad y, en lugar de darles de comer, se daba de comer a sí mismo y se emborrachaba. Ni ama a su señor, ni ama a sus siervos.
 
Una persona que ama al Señor vive para servirle mientas espera su retorno. Todo lo que hace está enfocado en el día en que Jesús vuelva. Su vida está montada sobre la base de la venida del Señor Jesús. Va haciendo el trabajo que le ha dejado el Señor para que lo haga en su ausencia. Una persona no preparada, en cambio, vive para sus propios fines, aunque crea en la segunda venida de Cristo como doctrina de la iglesia. Las dos personas son muy diferentes. La primera puede decir que ama al Señor, pero se ve que no, porque no ama a sus siervos. Los maltrata. Cuando venga su Señor, le espera la condenación. Esta persona irá al infierno. El Juez justo “le pondrá con los infieles”. Otra versión reza: “Le impondrá la condena que reciben los incrédulos” (12:46, NVI). ¿Entonces nuestra salvación depende de nuestra conducta? No; se evidencia por nuestra conducta.  
 
Pablo dice lo mismo: “Me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Tim.4:8). A los que no aman su venida, solo les espera la condenación, porque no conocen al Señor. Pues es imposible conocerlo y no amarlo, y es imposible amarlo y no anhelar su venida.
 
            El Señor está deseando venir y sus seguidores están deseando que vuelva: “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús” (Apoc. 22:20).

               

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