“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32).
Sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo” (Efesios 4:32, NTV).
Lectura: Ef. 4:25-32.
Los tres componentes de la relación con el hermano:
- Hemos de ser amables:
Amable se define como: “afable, complaciente, afectuoso: persona amable y cariñosa”. La persona amable hace favores para la otra persona, le ayuda, mira a ver cómo puede atender a sus necesidades. Se hace solidaria y es simpática con ella. Es cortés. Crea un ambiente placentero dondequiera que esté presente. Es agradable tener a una persona amable a tu lado.
- Hemos de ser de buen corazón:
Esto es: sin malas intenciones, sin doblez, sin engañar o encubrir la verdad, sin tramar mal contra la otra persona, sin causarle problemas o disgustos, sin faltarle el respeto; siempre mirando por su bien, su provecho, su beneficio, su comodidad, su edificación espiritual. Es dedicarte a su bien. Otra traducción pone “compasivo” en lugar de “buen corazón”. Y la Reina Valera pone “misericordioso”. Compasivo y misericordioso apuntan hacia los fallos que puede tener el hermano. En lugar de criticarlo, sentimos compasión, porque también tenemos nuestros fallos. Hemos de esforzarnos por hacer todo el bien que esté a nuestro alcance para que prospere nuestro hermano en su vida espiritual y cotidiana.
- Hemos de perdonar:
El perdón procede de un buen corazón lleno de misericordia y compasión. Perdonamos porque hemos sido perdonados, porque no somos mejores que el otro, porque no queremos ser rencorosos, amargados, resentidos o vengativos. No perdonar hace mucho daño a la persona que no perdona, y también hace daño a la persona no perdonada. Le acarrea problemas a su vida y su relación con el Señor. Se siente rechazada, repudiada, indigna, condenada, o miserable. El perdón es una forma de manifestar amor y aceptación. Procede de un corazón contrito y humillado.
Ya hemos vuelto a lo básico, el amor y el perdón. Es la base para todas las relaciones en Cristo, y es cómo Él se relaciona con nosotros.
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