UNA OFRENDA

 

“Eliseo volvió a Gilgal cuando había una grande hambre en la tierra…Vino entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al varón de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada, y trigo nuevo en su espiga. Y él dijo: Da a la gente para que coma” (2 Reyes 4:38, 42).
 
Lectura: 2 Reyes 4:42-44.
 
            Aquí tenemos la historia de una provisión inadecuada, de cuando Dios nos ha dado demasiado poco para suplir nuestras necesidades. Lo que aprendemos es que cuando esto ocurre, Dios multiplicará lo poco para que sea suficiente si nosotros ponemos fe y obediencia a su Palabra de nuestra parte.   
 
El profeta Eliseo tenía a su cargo a cien hombres, sus aprendices, y todos ellos con hambre. Un hombre, cuyo nombre desconocemos, hizo su ofrenda habitual de primicias y la trajo al profeta: veinte panes de cebada y trigo nuevo en su espiga. Habría sido suficiente para el profeta, pero no para su colegio de profetas. ¿Qué pasa con nuestras ofrendas? Frente a necesidades incalculables ponemos nuestra pequeña ofrenda en la cesta el domingo. Preguntamos: “¿Qué es esto para tantos?”. Y la respuesta es que de entrada es totalmente insignificante, pero cuando Dios nos da un regalo que no llega para cubrir la necesidad, lo multiplicará
 
            Eliseo dijo a su siervo: “Da a la gente para que coma. Y respondió su sirviente: ¿Cómo pondré esto delante de cien hombres? Pero él volvió a decir: Da a la gente para que coma, porque así ha dicho Jehová: Comerán y sobrará” (4:42, 43). En esta historia tenemos a todo un equipo funcionando, tal como le gusta al Señor. El hombre dio su ofrenda; Dios dio una promesa; el profeta puso su fe en la Palabra de Dios; el siervo obedeció, y Dios hizo un milagro. “Entonces (el siervo) lo puso delante de ellos (los cien), y comieron, y les sobró, conforme a la palabra de Jehová” (4:44). Dios multiplicó la comida por cien. ¡Lo que fue ofrecido para una persona sirvió a cien! ¡Poco sabía este hombre de Baal-salisa que su fiel ofrenda de las primicias de su campo iba a dar de comer a cien hombres!
 
            El profeta creyó la Palabra de Dios y actuó con fe en base a ella y el resultado fue una gran cosecha. Esta historia nos recuerda una parábola de Jesús: “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno” (Mat. 13:23). El profeta Eliseo es buen ejemplo de cómo lo poco se multiplica para producir cien veces más.   

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