¿DINERO?

 

“Cuando Jesús alzó los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: “¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” (Juan 6:5).
 
Lectura: Juan 6:1-6.
 
            ¡Solemos pensar que todos los problemas de la vida se solucionan con dinero! ¿No es así? ¿Dónde voy a conseguir el dinero para esto o para aquello? “¿Dónde compraremos pan para que coman éstos?” La pregunta nos la hace Jesús, porque quiere saber nuestra respuesta. Felipe hizo el cálculo: “Le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco” (6:7). Incluso si tuviesen doscientos denarios, no había ninguna panadería por allí, y si la hubiese, no tendría esta cantidad de existencias. La solución tenía que venir de otro lado que no fuese el económico.
 
            Otros piensan que la necesidad se soluciona por medio de nuestros recursos humanos. Así que se hace un estudio a ver si llegamos para suplir lo que hace falta: “Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?” (6:8, 9). Cuando llegó a ser evidente que tanto su dinero como sus recursos materiales eran insuficientes, Jesús puso en marcha su solución, que fue la de multiplicar sus recursos. Es una solución que nosotros normalmente no contamos con ella. Pocas veces pensamos: “Yo cuento con esto, Dios lo multiplicará”. Pero fue la solución. Ponemos nuestros recursos inadecuados en manos de Dios para que los multiplique. Él cuenta con lo poco que tenemos. ¡No vamos a guardar lo poco que tenemos para nosotros mismos y esperar que Dios ponga el cien por ciento! ¿Qué necesitas que Dios te multiplique?
 
            Otra cosa para notar es que solo el niño traía algo para comer. Los demás habían dejado sus casas para seguir a Jesús sin pensar en la comida. Muchos fueron atraídos por el afán de ver milagros. Pero otros lo seguían para escuchar su enseñanza sin importarles la comida. Estaban dispuestos a pasar hambre con tal de estar con el Señor. Su prioridad era Él. Entre estos queremos contar nosotros.
 
Este incidente ocurrió en cierto contexto: “estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos” (6:4). Jesús lo habría tenido en cuenta. ¿Pensaría Él que en esta ocasión el Cordero Pascual iba a ser Él, y que su sacrificio iba a bastar para cubrir los pecados de todo el mundo, de la generación actual, de generaciones pasadas, y de generaciones futuras, un solo sacrificio que Dios iba a multiplicar y que sería suficiente para hacer asequible el perdón de pecados a todo el que creyese? Un solo hombre iba a morir para salvar a millones. Eso, sí, es multiplicar las existencias para cubrir todo el expediente. ¡Dios tuvo un Hijo y lo usó para conseguir millones!  El autor de Hebreos escribe: “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados, pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (Heb. 10:11, 12), habiendo efectuado la salvación de millones por su solo sacrificio. Esta es la multiplicación de Dios.

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