EL SALMO 15

“¿Quién morará en tu santo monte?… El que no calumnia con su lengua, ni hace daño a su prójimo” (Salmo 15:3 BTX).
 
Lectura: Salmo 15:1-5.
 
            Hay otra versión que dice: “el que no hace daño a su amigo”. Esto extraña mucho, porque ¿cómo podríamos ser tan perversos como para hacer daño a nuestro amigo? Pero, cuando lo pensamos, es precisamente a los que más amamos a los que hacemos más daño. Si el amigo no llega a nuestras expectativas, si nos falla, si no nos entiende, si hay un malentendido entre nosotros, no nos conformamos con quedarnos dañados, sino que se lo contamos a otro para que nos consuele y nos dé la razón. Esta es la peor opción, porque seguramente el otro se pondrá de nuestra parte contra el otro, y ya tenemos a un amigo nuestro pensando mal del otro. Claro, con el tiempo vamos a reconciliarnos con el amigo, pero ¿cómo vamos a convencer a la otra persona de que el amigo, después de todo, no es tan mala persona? No vamos a decirle: “Mira, sabes una cosa, yo soy perversa, y lo que dije del otro no es del todo cierto”. Y menos le vamos a decir al otro: “No me hagas caso, porque he calumniado a mi amigo”.  Cuando el amigo nos ha hecho daño, es mejor no hablar mal de él a nadie. Hemos de procesar nuestro dolor sin poner a nadie en contra de él. Si le hacemos daño a él, vamos a perder la comunión con el Señor.
 
“Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino” (15:1-3). Morar en el santo monte del Señor es lo mismo que vivir en su presencia, lo mismo que permanecer en Cristo, y lo mismo que andar en el Espíritu. Para ello, tenemos que ser totalmente honestos, no hablar mal de alguien allegado a nosotros, y no admitir crítica de nadie cercano a nosotros. Dios ha puesto dos protecciones a la otra persona: no quiere que nadie hable mal de él, y si lo hace, que nadie lo escuche. La única persona con quien podemos hablar mal del otro es Dios, porque no vamos a cambiar su opinión sobre nadie con lo que digamos de otros. Él sabe toda la verdad y nos ayudará a amar a la otra persona, que es nuestra amiga, a fin de cuentas. ¡Fíjate cómo somos que necesitamos la ayuda de Dios para proteger la reputación de nuestros propios amigos!
 
Padre amado, queremos vivir en tu santa presencia todo el día y no salir de ella, ni cuando nos duela lo que nos haya hecho un amigo, un familiar, nuestro pastor, un hermano de la iglesia, o un hijo nuestro. Queremos amar a nuestros amigos con un amor puro que los proteja, aun cuando se hayan equivocado, o cuando nos hayan hecho daño sin querer. Enséñanos a ser nobles. Ayúdanos a “honrar a los que temen a Jehová” (15:4), aunque no sean perfectos, porque tú los honras. Amén.  

 Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.