DIOS Y JONÁS

 

“Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave” (Jonás 1:4).
 
Lectura: Jonás 1:7-12.
 
            Los marineros nunca habían visto una tempestad como esta. Algo dentro de ellos les dijo que esta tempestad no era normal, que había venido de forma sobrenatural. Cada uno clamaba a su dios para que cesara, es decir, cada uno excepto Jonás, porque él se dormía. Por eso el patrón de la nave lo despertó para que clamara al dios suyo. Echaron suertes para ver por causa de quien les había venido este gran mal, y la suerte cayó sobre Jonás. Él confesó que la culpa era suya. Le preguntaron: “¿Por qué has hecho esto?”, porque sabían que huía de la presencia de Dios. ¿Por qué lo hizo? Él no les contestó a la pregunta, pero muchos lectores modernos se apresuran para juzgarlo y atribuirle motivos que lo desacreditan. Jonás era una persona muy profunda que tuvo un malentendido complicado con Dios que solo Dios mismo podía aclarar, y todo el libro es la historia de cómo Dios lo resolvió.
 
            Lo que Dios quiere es que lo entendamos (Jer. 9:24). Para Él, esto es más importante que lo que hacemos. Si hacemos el bien con mala motivación, el bien no cuenta. Pero ¿si hacemos el mal con buena intención? ¿Con el corazón dolido?  ¿Añorando a Dios, pero con miedo de acercarnos a Él? Jonás se explica a Dios lo que le pasa: “Y oró a Jehová y dijo: Ahora Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal” (4:2). ¿Por qué huyó? Porque preveía que Dios le había enviado a Nínive para llevar aquella gente a arrepentirse y ser perdonada, cosa que Israel no había hecho, y que los ninivitas serían salvos, pero los israelitas serían condenados, y entonces ¿dónde quedaría el pacto que Dios había hecho con Abraham? ¿Podía él participar en una obra misionera que lo rompería y daría mala fama a Dios? ¿La salvación de los gentiles excluye la salvación de Israel? ¿Dios va a abandonar a su pueblo? Esto es lo que el apóstol Pablo trataría en Romanos 9 a 11, pero en tiempos de Jonás todavía no estaba revelado, y esta era la piedra de tropiezo que lo hizo caer. Jonás huyó porque no pudo participar en la salvación de los gentiles si implicaba la condenación de Israel.
 
            Dios entendía la confusión de su profeta y lo amaba, y montó una serie de eventos en su vida, muy duros, por cierto, para darse a entender a su apesadumbrado siervo. Al final del libro queda claro. Dios tiene compasión de Israel que es la calabacera que Él trabajó e hizo crecer (4:10), pero su amor por Israel no hace imposible su amor para las otras naciones (4:11). Esta es la gran revelación del libro, el mensaje de Dios que aclaraba todo para Jonás. Dios reveló su corazón a Jonás, que es tan grande que en él le cabe amor para todas las naciones del mundo, aun para la gente mala. ¿Tú has llegado a comprender esto en cuanto a la gente mala de tu vida? ¿Entiendes que Dios te ama tanto que te hará pasar las mil y una para que lo entiendas a Él? ¿Has llegado a entender la inmensidad del amor de Dios, por ti, y por tus enemigos? ¿Esto hace violencia a tu sentido de justicia? Si la respuesta es que sí, aun no has entendido la cruz. Jesús murió por los impíos para llevarlos a Dios (Rom. 5:6-8 y 1 Pedro 3:18). Selah.

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