“El conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Cor. 8:1).
Lectura: 1 Cor. 8:1-13.
El hermano tiene una opinión, y yo tengo otra. Los dos somos del Señor y conocemos su Palabra. Somos creyentes maduros. Entre personas así es donde hay el mayor peligro cuando los dos interpretamos alguna doctrina o práctica de importancia secundaria de diferente manera. Claro, sobre las doctrinas básicas de la salvación y la autoridad de las Escrituras estamos totalmente de acuerdo, pero sobre cuestiones relativamente de poca importancia es donde se producen los conflictos fuertes. ¿Por qué será esto? Cuanto más cerca, más posibilidad de choque. ¡Lo mismo pasa en la carretera! ¿Por qué es esto?
- Por el orgullo. Este texto es acerca de diferencias de opinión en cuanto a la comida. De entrada, vemos que no es una cuestión primordial, pero cuando hay mucha convivencia, ves lo que está en el plato del otro. Tú te ves como el espiritual. Tienes más tiempo de convertido. Piensas que tu conocimiento de las Escrituras es superior al suyo. Y no admites otras opiniones. El apóstol lo deja bien claro: “Si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo” (8:2). ¿Cuántos de nosotros tenemos la humildad de reconocer que este es nuestro caso?
- Por el legalismo. El legalista parte de la base de que cuanto más obedece uno las Escrituras, más espiritual es. Estas personas condenan a David por su pecado, juzgan a Job y creen que finalmente se arrepintió, descalifican a Jonás, y esquivarían a María Magdalena si se la encontrasen, pero ellos eran, respectivamente, un hombre según el corazón de Dios, un hombre perfecto, el mayor de los profetas, y la mejor amiga de Jesús. El legalista juzga a otros. Se mete en el lugar de Dios, que es el Juez. Piensa que tiene que escudriñar el corazón del otro, que es el oficio del Espíritu Santo. Cree que conoce las motivaciones del otro.
- Por rivalidades. Las mayores rivalidades existen dentro de la familia, entre hermanos y dentro de la iglesia del Señor, entre los hermanos. ¡Hermano significa rival! ¡Éste quiere ocupar mi lugar! No estamos para servir al hermano, estamos para quitarle su lugar. Queremos los mayores puestos. ¿A quién nos recuerda esto? ¡Somos primos hermanos de los fariseos!
- Por cuestiones de carácter. ¿Soy uno de estos que siempre tiene que tener la razón? ¿Sigo discutiendo hasta que el otro cede? ¿Impongo mis ideas? ¿Nunca reconozco que he fallado, que me he equivocado, que arraso, que no dejo que el otro hable, que interrumpo, que hablo encima de otros, que aquí no mando yo, que me he equivocado? ¿Me caracteriza “el corazón contrito y humillado” que Dios valora? (Salmo 51:17). ¿Soy contencioso? (1 Cor. 11:16).
- Por poner la doctrina por encima del amor. El amor es “el camino aún más excelente” (1 Cor. 12:31). Está por encima de los dones (1 Cor. 13:1-3), y por encima del conocimiento bíblico (8:1), y por encima de la ética (Mat. 9:11-13). Es el cumplimiento de todas las Escrituras (Mat. 22:37-40).
- Por falta de fe en Dios. El hermano es una obra de arte en las manos de Dios, no en las tuyas. Deja que Dios le enseñe. Pon tu confianza netamente en la capacidad de Dios de terminar la buena obra que el Espíritu Santo ha empezado en él (Fil 1:6), y ten paciencia. ¡Finalmente te perfeccionará a ti también! (Salmo 138:8). ¡Alabado sea Dios!
- Por falta de conocimiento del Señor. “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mat. 11:29). Que el clamor de nuestros corazones sea: “Señor, Enséñame a ser como tú, manso y humilde, porque aún tengo mucho que aprender. Amén”.
Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.