JEHOVÁ REINA

    

“Jehová reina; se vistió de magnificencia; Jehová se vistió, se ciñó de poder. Afirmó también el mundo, y no se moverá. Firme es su trono desde entonces; Tú eres eternamente” (Salmo 93:1).
 
Lectura: Salmo 93:1-5.
 
            Este pequeño salmo celebra la firmeza del gobierno de Dios. Dios es Rey eternamente y no hay nada que pueda hacer tambalear su trono. Es inamovible. Su Palabra también lo es: “Tus testimonios son muy firmes” (93:5). Su santidad también es firme, establecida para siempre: “La santidad conviene a tu casa, oh Jehová, por los siglos y para siempre” (93:5). Siendo santo, todo lo que Dios decreta desde su trono es seguro, justo, bueno, inteligente, bueno y conveniente. Dios es magnífico, poderoso, y santo y eternamente inmutable. Viene a la mente la línea de un himno que dice: “Cuán firme fundamento, oh santos del Señor, está puesto por vuestra fe en su excelente Palabra”, y parte de su Palabra es este pequeño salmo que insiste en la estabilidad y santidad del trono de Dios.  
 
Pero su gobierno no está sin oposición: “Alzaron los ríos, oh Jehová, los ríos alzaron su sonido; alzaron los ríos sus ondas” (93:3). Aquí los ríos y las recias ondas del mar representan poderes que intentan desestabilizar el gobierno de Dios en este mundo, que desafían su orden, como pueden ser los regímenes corruptos, la maldad del hombre, terribles plagas y enfermedades, la muerte, el maligno y sus huestes, y todo lo que se levanta contra la justicia y que pretende hacer daño al pueblo de Dios. En seguida el salmista nos asegura que estas cosas no representan ninguna amenaza que prevalezca sobre el gobierno de Dios: “Jehová en las alturas es más poderoso que el estruendo de las muchas aguas, más que las recias ondas del mar” (93:3, 4). Dios es más poderoso que todo lo que el enemigo nos lanza para hacer tambalear nuestra fe.
 
La palabra para hoy es: “más poderoso”. Dios es más poderoso que todas las cosas que tú y yo tenemos que enfrentar. Es más poderoso que los que nos desean el mal. Es más poderoso que todos los demonios que van en nuestra contra, y es más poderoso que la misma muerte que nos acecha, pues ha mostrado su poder levantando a Jesús victorioso sobre todo mal, y hará lo mismo por nosotros. Así que, con lo que venga contra ti y contra mí en el día de hoy, digamos: “más poderoso”, que Dios es más poderoso que aquello, y me ayudará a vencer lo que haga falta para que se vea que Él reina hoy en mi pequeño mundo: “Señor, firme es tu trono, por los siglos y para siempre”, amén.    
        
 
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