EL LIBRO DE FILEMÓN (3)

   

“Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre” (Filemón 15).
 
Lectura: Filemón 1:15-20.
 
Las relaciones en esta epístola son familiares, de hermano, hermana, padre, e hijo. Pablo escribe: “el hermano Timoteo”, “la amada hermana, Apia, “Dios nuestro Padre”. Filemón es el hermano de Pablo; Onésimo es su hijo; Pablo, su padre. Onésimo, ya no es un esclavo, sino el amado hermano de Filemón.
 
Pablo ve el bien que ha salido de la pérdida temporal de Onésimo (v. 15); ha ocurrido esta desgracia para que Filemón lo tenga para siempre como hermano en Cristo.  Hay pérdidas temporales que sirven para bienes eternos. Dios convierte el mal en bien en la vida del creyente. Lo que nos duele tanto, cuando ocurre, produce un bien eterno que veremos más adelante. Pierdes a alguien para ganarlo para siempre, ahora y eternamente.
 
Pablo dice otra cosa entrañable a Filemón: “Recíbele como a mí mismo”. Ahora, Onésimo es un esclavo que se ha escapado; Pablo es el gran apóstol; no obstante, lo trata como su igual, como alguien que puede ocupar su lugar. El apóstol pagará su deuda. A Filemón su amado amigo Pablo lo coacciona un poco recordándole que le debe aún su propia vida: “Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también” (v. 19).  Comprendemos que dice lo siguiente con cariño y confianza: “Hermano, ¡quiero sacar algún provecho de ti!!”. Esto le tiene que haber llegado al corazón a Filemón. Y con el corazón en la mano Pablo le dice: “Refresca mi corazón” (valga la redundancia). Con poca gente puedes decir estas cosas. No funciona si no hay una relación de mucha intimidad. No se lo pides a uno de tus colegas en el trabajo, sino a alguien que sabes que te ama en el Señor. Así es Pablo, el mismo erudito que escribió el libro de Romanos, en plan cariñoso e íntimo.
 
A su amigo Filemón le dice: “Así que, si me tiene por compañero, recíbele como me recibirías a mí”. Pablo es como Jesús en este aspecto. Jesús pidió lo mismo: que el Padre nos recibiese a nosotros por amor a Él. No lo dijo con estas palabras, sino implícitamente, y el Padre nos recibe a nosotros en Cristo, como si fuésemos Él. Lo mismo ocurre en la frase siguiente: “Y si te ha hecho daño, cóbrame a mí”. El Señor Jesús pagó nuestra deuda como si fuese suya.
 
En otro lugar Pablo nos dice que lo imitásemos a él como él imita a Cristo. ¡En esta carta es palpable que él imita a Cristo! Para imitar a Pablo tendríamos que pedir a nuestros amigos que recibiesen a otros amigos nuestros que los han ofendido como si fuesen nosotros. Esto es muy difícil. Nos ponemos en medio, como intermediarios. Es como si te pidiese a ti que recibieses a alguien que tú conoces que te ha hecho daño como si fuese yo. O, si tienes a alguien que te ha robado, o bien de dinero, o bien en ayuda, o en atenciones, o en respeto, y te pido que permitas que yo pague lo que él te debe. Si hay alguno de mis lectores que se encuentre en este caso, medítalo en oración delante de Dios. Puede ser que tengas que emplear el argumento de Pablo para reconciliar a dos amigos tuyos que ahora no se hablan, y que tendrás que decirles: “Pon su deuda a mi cuenta. Pon el respeto y cariño que me tienes a mí a su cuenta y déjame pagar por él. Que lo valores como me valoras a mí por amor a la relación que yo tengo contigo. Que lo recibas en su corazón por amor a la amistad que hay entre nosotros”.
 
Si nunca te has planteado estas cosas, verás que son muy profundas y que cuestan. Requieren meditación y oración. Que el Señor nos ayude a ser mediadores como lo fue Pablo.
 
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