“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:27-29).
Lectura: Apoc. 1:5, 6).
Jesús tiene un rebaño. “Como pastor apacentará su rebaño” (Is. 40:11). Todo pastor debe tener su rebaño y Cristo también lo tiene. En una ocasión vi un rebaño en un valle próximo a Jerusalén; el pastor se puso delante de sus ovejas y las llamaba y ellas conocían su voz y lo seguían. Entonces dije: “Esta es la forma en que Jesús guía a sus ovejas”. ¡Oh que tú pudieses ser una de ellas!
Las ovejas de Cristo son ovejas que tienen una señal. Generalmente, las ovejas de los rebaños se marcan con una señal con objeto de que el pastor pueda conocerlas fácilmente. Ordinariamente, la marca se realiza con alquitrán sobre el blanco y lanudo lomo de la oveja. Algunas veces la marca consiste en la letra inicial del nombre del dueño. El objeto de señalar a las ovejas es evitar que puedan perderse cuando se mezclan con las de otro rebaño. Lo mismo sucede con el rebaño de Cristo. Toda oveja suya tiene dos características, dos señales o marcas. Una marca se le hace con la sangre de Jesús. Toda oveja y cordero del rebaño de Cristo hubo un tiempo en que estuvo manchado y corrompido con la culpa del pecado siendo un dechado de miseria y corrupción. Pero cada uno de aquellos que han sido guiados a la sangre de Jesús, ha sido lavado con ella. Son como ovejas que “vienen de lavarse”. Todos pueden decir: “Al que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre, sea gloria e imperio para siempre jamás. Amén” (Apoc. 1:5, 6). ¿Tienes tú esta señal? Examínate bien y descubre si la tienes o no. Nunca estarás en el cielo, a menos que la tengas. Sólo estarán allí todos aquellos que hayan lavado sus ropas y las hayan blanqueado en la sangre del Cordero: “Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apoc. 7:14).
La otra marca la hace el Espíritu Santo. Esta es una señal que no puede verse exteriormente, como puede verse la marca colocada en el lomo de las ovejas, está donde está el corazón, donde el ojo del hombre no puede mirar. Esta señal es un nuevo corazón. “Os daré corazón nuevo” (Ez. 36:26). Este es el sello del Espíritu Santo, sello que da a todos los que creen en Jesucristo. Con poder infinito el Espíritu Santo extiende su mano invisible y silenciosamente cambia el corazón de todos los que vienen a ser verdaderamente de Cristo. ¿Tienes tú un nuevo corazón? Nunca irás al cielo, porque no serás apto para Él, si no tienes ese nuevo corazón. “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él” (Romanos 8:9). Amados hijos, orad para que estas dos marcas de las ovejas de Cristo, el perdón por los méritos de su sangre y el nuevo corazón por la obra del Espíritu Santo, estén grabadas en vosotros. ¡Oh, tened ansia por obtenerlas y por obtenerlas ahora! Pronto vendrá el gran pastor y apartará a las ovejas a su diestra y a los cabritos a su izquierda. ¿Dónde estarás tú en aquel día?”
(Copiado de “Mensajes bíblicos”, de R. M. McCheyne 1813-1843.).
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