“¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento?” (Job 42:3).
“… dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:9, 10).
Lectura: Ef. 1:4-10.
Ya hemos recalcado que el consejo de Dios es lo mismo que sus designios o su voluntad. En la carta del apóstol Pablo a los efesios, Dios nos revela cuál es su voluntad al final de los tiempos, a saber, la unificación de toda la creación en Cristo como su centro. Satanás está haciendo todo lo que está a su alcance para impedirlo, a lo largo de la historia humana. Recordamos que en las tentaciones de Jesús en el desierto el diablo lo llevó a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos y le dijo: “Todo esto te daré si postrado me adorares” (Mat. 4:9, 10). Jesús lo rechazó y escogió más bien pasar por lo cruz para obtenerlo de manos de su Padre. Al resucitar dijo: “Todo potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mat. 28:18). ¡El Padre le dio mucha más autoridad de lo que le ofreció el diablo! En la dispensación del cumplimiento de los tiempos Dios va a reunir en Cristo todas las cosas que están en los cielos, así como las que están en la tierra, justo lo que Satanás ha estado luchando para impedir.
Es Satanás el que ha estado oponiéndose a que se cumplan los propósitos de Dios desde el día en que se rebeló en el cielo. Quiere ocupar el lugar que Dios ha reservado para Cristo. Luchó contra Jesús toda su vida. El profeta Isaías habla de esta lucha proféticamente y pone estas palabras en boca del Señor Jesús: “Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí me rostro de injurias y de esputos. Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado. Cerca está de mí el que me salva: ¿Quién contenderá conmigo? Juntémonos. ¿Quién es el adversario de mi causa? Acérquese a mí. He aquí que Jehová el Señor me ayudará: ¿quién hay que me condene?” (Is. 50:6-9). Ya sabemos la respuesta a estas preguntas. ¿Quién es el que contiende con Dios? Satanás. ¿Quién es el adversario de su causa? Satanás. ¿Cuál es su causa? El consejo y los designios de Dios. ¿Quién quería abrogarlos? Satanás. ¿Quién condenaba a Jesús? Satanás.
Es curiosa la pregunta de Jesús. “¿Quién contenderá conmigo?” (Is. 50:8), es la misma que Dios plantea en el libro de Job: “¿Es sabiduría contender con el Omnipotente?” (Job 40:2). “El que disputa con Dios, responda a esto”. ¿Quién disputa con Dios? ¿Job? No. Satanás. “¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento?” (Job 42:3) es la misma pregunta que: “¿Quién es el adversario de mi causa?” (Is. 50:8). Las mismas preguntas que hace Dios Cristo las hace proféticamente frente al mismo enemigo. Jesús tuvo el mismo enemigo y adversario que Dios.
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