LA CARNALIDAD

“De manera que yo, hermanos, no puedo hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Porque aún sois carnales; pues habiendo entre
vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?»
 (1 Corintios 3:1, 3).

Lectura: 1 Corintios 3:1-3.

Los celos, las contiendas y las disensiones son manifestaciones de nuestra naturaleza carnal. Crean un ambiente tenso, desagradable, de nervios crispados, preparados para saltar y defendernos, de insultos y desprecios, el deseo de salir por encima del otro, de no dejar pasar ni una, listos para el ataque, como boxeadores. Esto no es vida.

Dios quiere que vivamos con un corazón generoso, abierto y vulnerable, que salgamos de los conflictos con gracia y simpatía, que no hagamos daño a la otra persona ni la dejemos en ridículo, arrinconada y derrotada.

Dios mío, líbrame de la maldición de siempre estar a la defensiva, de tener que tener la razón, de poner al otro en su lugar, humillándolo, dejándolo mal parado. Perdóname. Límpiame. Dame un espíritu manso, apacible, cariñoso. Hazme un ministro de tu paz. Revísteme con tu dignidad. Que pueda extenderme hacia la otra persona, recogerla en un abrazo y envolverla en un ambiente de amor. Por favor, te lo pido en el nombre de Jesús, amén.    

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