“No escondas de tu siervo tu rostro, porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme” (Salmo 69:17).
Este salmo es uno de los que plasma el sentir de Jesús en la Cruz. El Nuevo Testamento revela los datos de su ejecución, el Antiguo sus pensamientos. Los escritores del Nuevo no tenían acceso a lo que pasaba en su fuero anterior; El Espíritu Santo lo había revelado y expresado proféticamente centenares de años antes en los salmos de Israel. En este salmo Jesús abre su corazón al Padre.
Su angustia:
“Porque me consumió el celo de tu casa; y los vituperios de los que te vituperaban cayeron sobre mí. Lloré afligiendo con ayuno mi alma, y esto me ha sido por afrenta. Puse además cilicio por mi vestido, y vine a serle por proverbio. Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, me zaherían en sus canciones los bebedores” (v. 9-12).
“Tú sabes mi afrenta, mi confusión y mi oprobio; delante de ti están todos mis adversarios. El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; y consoladores, y ninguno hallé. Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre” (v. 19-21).
“Mas a mí, afligido y miserable, tu salvación, oh Dios, me ponga en alto” (v. 29).
Su confianza en lo que Dios hará por él:
“Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, y exaltaré con alabanza. Y agradará a Jehová más que sacrificio de buey, o becerro que tiene cuernos y pezuñas; lo verán los oprimidos, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón, porque Jehová oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros” (v. 30-33).
Su fe en que Dios salvará a Israel:
“Porque Dios salvará a Sion, y reedificará las ciudades de Judá; y habitarán allí y la poseerán. La descendencia de sus siervos la heredará. Y los que aman su nombre habitarán en ella” (v.36).
Nos asombra la profundidad del sufrimiento de Jesús, su oprobio, su confusión, su soledad, y su desolación. Está sufriendo la burla de sus adversarios. Su corazón está quebrantado. No hubo nadie que se pusiese de su parte para consolarlo. ¡Pero vemos que es inocente! Su actitud es una de humildad delante de Dios, de confianza en que Dios, quien atiende a los menesterosos, escuchará su clamor y finalmente le librará, y Él se gozará. Además de creer que Dios lo librará a él, cree que Dios salvará a Sion. En su aflicción, su deseo es la salvación de Israel. Habla de la relación entre sus sufrimientos y la salvación de Israel, su reedificación, y restauración eterna, pero nosotros bien los conocimos, porque sus sufrimientos han obrado nuestra liberación, y nuestra herencia eterna en el Sion de Dios.
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