EL CONTROL DE NUESTRA MENTE (2)

“Hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Fil. 4:8).

 Lectura: Fil. 4:4-8.

            Lo que tenemos aquí no es una sugerencia de parte de un buen consejero, ¡es un mandamiento de Dios! El que no lo cumple peca. Así de claro, porque lo que está en juego es nuestra paz, que afecta nuestra utilidad para el Señor. Hay muchas cosas en las cuales no debemos pensar, como, por ejemplo, todo lo negativo, las cosas que nos hacen sufrir, pecados ya perdonados, ofensas recibidas, personas que van mal, faltas de otros y nuestras preocupaciones. Las preocupaciones las llevamos al Señor en oración, dándole gracias de que nos haya oído y porque se encargará de solucionarlas: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias, y la paz de Dios… guardará vuestros pensamientos” (Fil 4:6, 7). Así es como debemos mantener una mente positiva, y esto afectará a nuestro estado de ánimo, nuestra salud física y nuestra vida espiritual. La mente no fue creada para los pensamientos negativos, pues actúan como una sustancia tóxica en el cerebro.

Tenemos que cultivar el hábito de ir por la vida dando gracias: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1Tes. 5:18). Una amiga que sufría fuertes depresiones aprendió que tenía que saltar de la cama nada más despertarse, antes de que le viniesen los pensamientos negativos. Éstos tardaban tres o cuatro minutos en llegar, y para no caer en la tentación de pensar de forma derrotista, saltaba de la cama nada más despertarse y empezaba a caminar por la habitación dando gracias a Dios por todo lo bueno que le venía a la mente: el aire fresco, la luz del día, la noche de descanso, su familia, la salvación, etc. Otro buen hábito es cantar himnos para empezar el día. Esto pone nuestras mentes en las cosas hermosas de Dios que escribieron nuestros hermanos en la fe hace muchos años, cosas que siguen siendo verdad y luz para la mente del creyente.

Somos cambiados a la imagen de Cristo por medio de la transformación de nuestras mentes: Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Rom. 12:2). La renovamos eliminando los pensamientos negativos y reemplazándolos con pensamientos positivos. La hermana que sufría depresión, cuando le venía un pensamiento tóxico, negativo, dañino o una mentira de Satanás, ¡daba gracias a Dios por lo opuesto! Si el enemigo sembraba el pensamiento: “No saldrás nunca de esto”, ella decía en voz audible: “Gracias Señor, que con tu ayuda, saldré de esto”. “Estad siempre gozosos, orad sin cesar, dad gracias en todo, no apaguéis al Espíritu” (1 Tes. 5:16-19). Si oramos sin cesar y damos gracias en todo, estaremos siempre gozosos y no apagaremos al Espíritu, sino que estaremos rebosando de la gracia de Dios: “Y el mismo Dios de paz os santificará por completo” (1 Tes. 5:23). Y evidentemente tendremos mentes sanas para servir al Señor.      

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