“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades…” (Efesios 6:11, 12).
Lectura: Ef. 6:10-18.
Lo queramos o no, estamos inmersos en una guerra espiritual de proporciones cósmicas y, si no nos protegemos, seremos vencidos por el príncipe de este mundo. Pondremos el contenido de lo que estamos hablando en la categoría de la “súper espiritualidad”, y nos descuidaremos. Para protegernos el apóstol Pablo nos insta a ponernos la armadura de Dios y usa la analogía del soldado romano, ¡al cual tenía muy visto! Escuché una serie de audios por Derek Prince, quien ahora está con el Señor, los cuales encontré muy desafiantes. Lo comparto aquí de forma muy resumida:
- “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad”. Esto significa más que tener buena doctrina. Es introducir la verdad en la situación que enfrentamos. Requiere valentía y honestidad.
- “Vestidos con la coraza de justicia”. “Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (Gal. 5:5, 6). Nuestra esperanza de salvación es por la fe, pero no solo la fe doctrinal, sino la fe que obra por el amor. La fe sin el amor no vale para que seamos justos delante de Dios.
- “Calzados los pies con el apresto del Evangelio de la paz”. Siempre tenemos que estar en condiciones para presentar el Evangelio de la paz. Además, hemos de tener paz y transmitir paz. Si vivimos con la paz de Dios, la gente lo percibe.
- “Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno”. Este escudo consiste en tener fe para la protección de nosotros mismos y de todo lo que Dios nos ha dado: familia, amigos, hermanos en la fe, y bienes materiales: casa, coche, ordenador, móvil, etc. Además, es fe para la provisión de todo lo que necesitamos.
- “Y tomad el yelmo de la salvación”. Esto es para proteger nuestra cabeza, nuestra mente. Hemos de ser optimistas y estar esperanzados, esperando cosas venidas de la mano de Dios. Gozosos. Un estado depresivo, de desconfianza en otros, creyendo que todo está perdido, invita a la derrota. Hemos de estar pensado en cosas positivas (Fil. 4:6-8).
- “Y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”. Es la única arma ofensiva que tenemos. Las otras son para nuestra defensa, “para que podamos resistir en el día malo”, que seguramente viene a cada uno, el día en que nos ataca el enemigo para destruirnos. Con esta espada hemos de derrumbar las fortalezas que han levantado otras personas. Son bloqueos que tienen que no dejan penetrar la Palabra de Dios en sus mentes. Hemos de procurar sacar al maligno de su presencia y rodearlos de personas que estén libres de estos bloqueos mentales para que puedan recibir la verdad y creerla.
El versículo siguiente es: “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (6:18). Esta será nuestra próxima consideración y forma una parte indispensable para conseguir la victoria en esta gran batalla de la fe.
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