JESÚS Y MARÍA

“María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano” (Juan 11:32).

Lectura: Juan 11:28-37.

            María le puso limitaciones a Jesús. Creía que solo podía sanar a una persona si esta estaba presente físicamente: “Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Por eso le había mandado venir. Muchos de nosotros creen lo mismo. Es más fácil para nosotros orar por los médicos que por los enfermos, que se sanen. El centurión, en cambio, creía que Jesús podía sanar desde una distancia y que no hacía falta que estuviese presente. Dijo a Jesús: “Solamente di la palabra, y mi criado sanará” (Mat. 8:8). María tenía fe, pero menos.

            Jesús tenía fe en que podía dar la palabra y sanar sin ir a Betania, pero no lo hizo. Del texto deducimos que Jesús recibió al mensajero y calculó el tiempo necesario para llegar al pueblo donde estaban los hermanos (Él no estaba en Judea, según Juan 11:7). Habría recibido el mensaje, orado y preguntado al Padre qué hacer, y el Padre le habrá dicho que tenía que ir a Betania para levantar a Lázaro de los muertos. Habría pasado dos días más orando y teniendo comunión con el Padre antes de anunciar a sus discípulos que iban a Judea: “Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea” (11:6, 7).

            El Padre podría haberle dicho que orase y sanase a Lázaro desde donde estaba. Entonces la gente habría pensado que se sanó por medios naturales. Jesús explica a los discípulos por qué no lo hizo: “Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis” (11:14, 15). ¿Para que crean qué? Que Jesús puede levantar muertos. El propósito del milagro, entre otras cosas, es aumentar la fe de los discípulos. Ya creían, pero solo hasta cierto punto. Igual que María. ¡Ver este milagro iba a hacer crecer su fe! ¡La fe de nosotros también tiene que crecer para creer que Jesús puede sanar desde una distancia aun mayor!

“Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?” (11:37). Sí, claro. Puede hacer que ninguno de nosotros muera, pero no lo hará. Dejará que muramos para luego resucitarnos de la muerte, pero no a esta vida, como en el caso de Lázaro, sino a la vida perfecta, en el reino de Dios, con un nuevo cuerpo que no morirá nunca.  

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