¡CÓMO ERA!

“Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:35).

Lectura: Juan 4:35-42.

            A veces nuestro conocimiento de las Escrituras es un estorbo para recibir lo que el Señor está tratando de decirnos ahora. Estamos bloqueados porque pensamos que ya conocemos este texto y lo escuchamos pensando en lo que ya sabemos, y no oímos las cosas nuevas que Dios quiere decirnos. Estos samaritanos no tenían muchas ideas preconcebidas acerca de la venida del Mesías como las tenían los judíos. Sabían que un Mesías vendría y reconocieron a Jesús como el Mesías. He disfrutado al meditar en Juan 4 otra vez y he ido más profundo esta vez que en la vez pasada, en la cual tracé el progreso de la mujer hasta que finalmente aprendió quién era Jesús. Lo que hago constar ahora es que cuando nos acercamos a las Escrituras con una mente abierta Dios continúa ministrándonos por medio de ellas. Siempre hay más.

“Alzad vuestros ojos y mirad”.“Despierten y miren a su alrededor” (NTV).  “Amado Padre, estoy mirando alrededor. ¿A quién quieres que vea? ¿Quiénes son las personas que ya has preparado por medio de otros que Tú quieres que hable con ellas o que ore a favor de ellas? Algunos creyentes tienen la idea de que ellos tienen que sembrar y cosechar, pero tú dices que no necesariamente. Pedimos que envíes a alguien para cosechar a las personas a las que ya hemos testificado. Y te pedimos que uses a la persona que quieras para que estas personas que hemos preparado entren en tu reino. En el nombre de Jesús, amén”.

            “Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho”. Esta mujer estaba confesando su pecado públicamente. Lo estaba reconociendo y aceptando la culpa y la responsabilidad por lo que había hecho. Esto requiere mucha valentía, honestidad y humildad de su parte. La gente de su pueblo ya lo sabía porque vivían con ella. Parece que la gente es más atraída a Jesús por la confesión de nuestro pecado y el reconocimiento de qué clase de persona somos, que por lo que decimos de Jesús. El testimonio llega más que la predicación. Cuando decimos: “soy tal y cual; Jesús me lo ha hecho ver, y tiene razón”, otras personas ya saben estas cosas de nosotros y pueden ver que Dios está haciendo una obra en nosotros, y saben que Dios es real.

Padre, pedimos que nos des la valentía y la honestidad para confesar lo que hemos hecho y cómo hemos sido para que otras personas puedan reconocer que solo un Dios tan grande como Tú puede hacer estas cosas. Amen.

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