REVELACIÓN Y CONFIRMACIÓN (2)

    

“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2 Pedro 1;19).
 
Lectura: 2 Pedro 1:16-21.
 
            Vamos a continuar pensando en la experiencia del apóstol Pedro. Él siempre había creído en las Escrituras. Era judío, y un judío de fe. Las Escrituras siempre eran importantes para él y formaban una parte vital de su vida, y las conocía bien. Entonces conoció a Jesús y tuvo una experiencia personal de Dios en el Monte de la Transfiguración donde vio la gloria eterna de Jesús y escucho la voz de Dios. Dice: “Habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad… Y nosotros oímos esta voz enviada desde el cielo, cuando estábamos con él en el monte santo” (1:16, 18). Creía en las Escrituras y luego tuvo una experiencia personal de Dios. Pasa lo mismo con muchos de nosotros. Tenemos fe en las Escrituras y una experiencia personal de Dios. En mi caso siempre había creído en la Biblia. Nuestros padres nos llevaron a la iglesia nada más nacer.
 
La vida cristiana se funda sobre estas dos bases: las Escrituras y la experiencia personal de Dios. En la vida de cada creyente tiene que haber las dos cosas. Crees en su Palabra y Dios te habla, te va tratando personalmente, revelándose a ti. No es solamente que Dios te convenza de pecado y creas que Jesús murió por ti, ¡y ya está!, sino que también tienes experiencias de Dios por todo el camino, experiencias asombrosas, ves cosas que solo Dios puede hacer. Te viene a ti y es real para ti.
 
En la vida de Pedro hubo estas dos cosas: fe en las Escrituras y experiencia de Dios, como la que tuvo en el Monte de la Transfiguración cuando Dios le habló audiblemente diciendo: “Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia” (1:17). Pedro insiste: “Esto es verdad. Lo oímos con nuestros propios oídos”, pero añade que esto no es el único fundamento de la fe. También tenemos las Escrituras: “Tenemos también la palabra profética más segura” (1:19). “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos” (1 Pedro 1:10, 11).
 
Tú y yo no vamos a escuchar la voz de Dios con nuestros propios oídos como Pedro, porque lo ocurrido en el Monte de la Transfiguración fue un irrepetible momento histórico en que Dios confirmó a la humanidad que Jesús es su eterno Hijo. Pero también tenemos experiencias personales en que Dios nos habla a la mente y al corazón y sabemos que es la voz de Dios. E, igual que Pedro, nuestra experiencia personal es confirmada por las Escrituras. Lo que creemos, lo experimentamos, y atesoramos estas experiencias. En ellas lo que sabemos con la cabeza cobra vida.

 

Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.