Hechos 27:1-20

Predicación del 23 de Marzo de 2022.

Biblia Textual

1 Cuando se decidió que zarpáramos hacia Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de una cohorte imperial. 2 Embarcándonos en una nave adramitena que iba a zarpar hacia los puertos de Asia, nos hicimos a la vela, estando con nosotros Aristarco, un macedonio de Tesalónica. 3 Al día siguiente atracamos en Sidón, y Julio, tratando a Pablo con benevolencia, le permitió que fuera a sus amigos a recibir atención. 4 De allí nos hicimos a la vela, y navegamos a sotavento de Chipre, porque los vientos eran contrarios. 5 Y navegando a través del mar de Cilicia y Panfilia, arribamos a Mira de Licia. 6 Allí el centurión, hallando una nave alejandrina que navegaba hacia Italia, nos embarcó en ella. 7 Después de navegar lentamente durante muchos días, y arribando con trabajo frente a Gnido, pues el viento no nos permitía avanzar, navegamos a sotavento de Creta, hacia Salmón; 8 y costeándola con dificultad, arribamos a cierto lugar llamado Buenos Puertos, cerca del cual está la ciudad de Lasea. 9 Y habiéndose perdido mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación por haber pasado el Ayuno, Pablo les aconsejaba, 10 diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y gran pérdida, no sólo de la carga y de la nave, sino también de nuestras vidas. 11 Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave que a lo que decía Pablo. 12 Y como el puerto no era adecuado para invernar, la mayoría acordó zarpar de allí, por si podían arribar a Fenice, puerto de Creta que mira al suroeste y al noroeste, e invernar allí. 13 Y soplando blandamente un austro, suponían que habían logrado su intento, levaron anclas y costeaban Creta lo más cerca posible. 14 Pero no mucho después, dio contra ella un viento huracanado llamado Euraquilón; 15 y la nave, siendo violentamente arrebatada, no logró poner proa al viento, y éramos llevados a la deriva. 16 Después de navegar a sotavento de cierto islote llamado Cauda, a duras penas logramos sujetar el esquife. 17 Habiéndolo izado, ciñeron con amarras la nave por debajo, y temiendo encallar en la Sirte, arriaron los aparejos y se dejaban llevar a la deriva. 18 Pero como la tempestad nos seguía sacudiendo furiosamente, al día siguiente comenzaron a alijar, 19 y al tercer día, arrojaron con sus propias manos los aparejos de la nave. 20 Y al no aparecer el sol ni las estrellas por muchos días, acosados por una tempestad no pequeña, fuimos perdiendo toda esperanza de salvarnos.