“… sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte… a fin de que… (1 Corintios 1:27).
Lectura: 1 Cor. 1:26-31.
La manera que Dios tiene de hacer las cosas es consistente a través de la Biblia. Manifiesta su poder por medio de los débiles, exhibe su sabiduría por medio de los no escolarizados, y financia su obra por medio de los pobres, para que nadie se jacte en lo que tiene por nacimiento, sino en Dios quien es el Dador de su don. Fue el joven David quien venció al gigante Goliat (1 Sam. 17), y una mujer nómada, Jael, quien derrotó el potente capitán del ejército de Canaán (Jueces 4), y una niña la que consiguió que el general del ejército se convirtiese al Dios de Israel (2 Reyes 5).
El texto que tenemos por delante desarrolla este tema: “Dios escogió lo despreciado por el mundo -lo que se considera como nada- y lo usó para convertir en nada lo que el mundo considera importante” (1:28, NTV). Si tú eres la víctima del desprecio, esta es buena noticia para ti. Puede ser que seas mayor, o que no hayas podido estudiar, o que tengas alguien en tu trabajo o en tu casa que te considera inferior, o ignorante, o de poca importancia, y te humilla. Pues, Dios te puede dar la capacidad de superarlo, para que Él sea glorificado por medio de ti, “a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1:29). El poder del enemigo de Dios es muy fuerte, más fuerte que ningún ser humano. Si notas que el diablo está utilizando a alguien en tu casa para hacerte sufrir, Dios puede manifestar su poder por medio de ti para derrotar al enemigo. Nos acordamos de la historia de Caleb, el que dijo ¡con 85 años!: “Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho. Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb, hijo de Jefone a Hebrón por heredad” (Josué 14:11-13). Notemos su humildad, su dependencia de Dios y su fe. A Dios le deleita dar la victoria al débil que confía en Él.
¿Cuál es el monte que Dios ha puesto delante de ti? Para ti es imposible, pero el poder de Dios se manifiesta en nuestra debilidad. Pablo dijo: “Me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (1 Cor. 12:7-9).
Padre amado, venimos delante de ti pensando en el monte tan grande que tu has puesto delante nuestro y reconocemos nuestra debilidad. Es imposible que hagamos nada para superar esta dificultad. Alzamos nuestros ojos a ti y rogamos tu fuerza. Creemos en tu promesa y enfrentamos al enemigo con total dependencia de ti, y con la fe de que, con tu ayuda, vayamos a vencer, para tu gloria. Y con esta convicción enfrentamos esta dificultad que tú nos has dado para que la superemos. Amén.
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