“Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña” (Gálatas 6:3).
Lectura: Salmo 51:1-10.
Oración: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24). Amén. En el espíritu de esta oración, haz este autoexamen. Pon un círculo en la letra que más te refleja, o bien “a”, o bien “b”:
- a. Nadie puede decirme lo que tengo que hacer. b. Me someto a instrucciones.
- a. En una comida familiar, cojo lo mejor y lo más grande para mí mismo. b. Dejo lo mejor para otros.
- a. Busco destacar en la iglesia. b. Sirvo sin llamar la atención.
- a. Insisto en mi voluntad. b. Muchas veces cedo a los demás.
- a. Hablo más que nadie. b. No destaco por mi mucho hablar.
- a. Me enfado si me contradicen. b. No discuto con el que me contradice.
- a. Cuando alguien me hace daño, lo publico. b. Cuido de la reputación de todos, hasta de la que me hace daño.
- a. Que se haga lo que digo yo. b. Lidero con actitud de siervo.
- a. Si tengo razón discuto hasta convencer al otro. b. Si no estoy de acuerdo lo digo correctamente sin ofender.
- a. Aquí mando yo. b. No soy impositivo.
- a. Me vengo cuando alguien me ofende. b. Soy rápido en perdonar.
- a. No dejo que otros me enseñen. b. Tengo espíritu enseñable.
- a. Cuando me equivoco, echo la culpa a otros. b. Pido perdón cuando me equivoco.
- a. Recibo corrección. b. No recibo corrección; me ofendo.
- a. Reconozco al que es mejor que yo. b. No dejo que éste me reemplace.
- a. Voy por la vida proyectando una versión favorable de mí mismo. b. Ando con honestidad acerca de cómo soy.
- a. Creo que soy mejor que mucha gente. b. No me suelo ir comparando o compitiendo con los demás.
- a. Por regla general llevo la voz cantante. b. Dejo espacio para los demás.
- a. Siempre tengo que ganar. b. Acepto mis derrotas.
- a. Tengo celos y envidia de los que son reconocidos. b. No me preocupa esto.
- a. Me enfado cuando alguien me quita el sitio. b. Dejo que el líder ponga a todos en el lugar que les conviene.
- a. No veo la necesidad de confesar mis fallos. b. Me quebranto delante de Dios y pido que me enseñe mi pecado para poder confesarlo.
- a. Pocas veces pido perdón por mi orgullo. b. Soy consciente de él y lo confieso al Señor pidiendo su ayuda para vencer el orgullo en mí.
Gracias, amado Padre, que me amas lo suficiente como para corregirme y que tienes suficiente poder como para cambiarme. Aquí estoy para que me ayudes a ser humilde como Cristo. Amén.
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