“He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo” (Zac. 3:8). Dejamos a Jesúa condenado por ser un hombre impuro, y a Israel sin esperanza delante de Dios por no tener ningún mediador digno. ¿Cómo puede este hombre reconstruir el Templo u oficiar en él? Pero ocurre algo inesperado. Dios […] Leer más