“Atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar” (Salmo 118:27).
Lectura: Salmo 118:21-27.
Este es un salmo mesiánico que tiene su cumplimiento en el motivo de la celebración de esta semana: la crucifixión y resurrección de nuestro Señor.
“Te alabaré porque me has oído, y me fuiste por salvación” (118:21). Esta es la conclusión. Lo que continúa lo explica: “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo” (118:22). Esta piedra es Jesús, la roca sobre la cual la Iglesia está edificada. El Señor Jesús es nuestra salvación y lo que se está construyendo es la Casa de Dios y el Reino de Dios. Pedro cita este texto en su defensa delante del concilio de los judíos: “Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación” (Hechos 4:10-12).
“De parte de Jehová es esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos” (118:23). Dios es el que ha elaborado esta salvación, el que ha ofrecido a su Hijo, y el que lo ha resucitado de entre los muertos.
“Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él” (118:24). ¿Qué día es este? El día de nuestra salvación. El día que Jesús se ofreció para llevar nuestros pecados y justificarnos delante de Dios. El salmista ruega a Dios: “Oh Jehová, sálvanos, ahora, te ruego; te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora” (118:25). El día de nuestra salvación es el día que empezamos a prosperar delante de Dios. Se va acercando con la entrada real de Jesús a Jerusalén: “Bendito el que viene en el nombre de Jehová; desde la casa de Jehová os bendecimos” (118:26). Maravilloso día de júbilo y aclamación que trae salvación, pero ella no vendría inmediatamente, sino después de un gran sufrimiento.
“Jehová es Dios, y nos ha dado luz; atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar” (118:27). Esta luz es para ver al que está atado con cuerdas a los cuernos del altar, al Señor Jesús. El subió al altar por su propia iniciativa y no necesitaba las cuerdas para atarlo para que no se escapara; no obstante, el Padre ata a su Hijo a las cuerdas del altar como siempre se ha hecho, pero esta vez con una Víctima diferente, el eterno Hijo de Dios. Él es el que ha venido en el nombre de Dios para traernos salvación. Él es la primera piedra, la piedra del ángulo que los edificadores desecharon quien fue rechazado por la religión de los judíos, pero escogido por Dios, para empezar una nueva religión que realmente salva, con un nuevo Templo que Él está construyendo de piedras vivas, la Casa donde Dios morará eternamente.
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