TU SACRIFICIO (2)

“Atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar” (Salmo 118:27).

Lectura: Romanos 12:1, 2.

            ¿Hay algo que Dios te esté pidiendo que lo sacrifiques? Puede ser un novio que no es para ti, o la posesión que más valoras, los planes que tenías para tu vida, una carrera, un sueño, una amistad que no debes tener, un lugar que querías ocupar, tus noches… Si hay algo que te esté pidiendo, te lo hará ver. Lo que te pide es la cosa más difícil para ti. Te está llamando a ponerlo en el altar, que sea para Él. Esto es lo que le pidió a Abraham y lo que Él mismo hizo cuando sacrificó a su amado Hijo. Esta cosa es donde está tu corazón. Pensamos que no podemos hacer esto, porque es precisamente lo que necesitamos para vivir. Es lo que nos puede llenar y satisfacer como ninguna cosa más. ¿Cómo vamos a renunciar a ello?

            Dios dice que lo atemos con cuerdas al altar. ¿Para evitar que escape?  En el caso de Jesús, Él mismo subió al altar. No tenía ninguna intención de escaparse. Cuando vino la tentación satánica de bajar de la cruz (Mat. 27:40, 42), pudo haberlo hecho, pero no quiso. Fueron las manos del Padre las que ataron al Hijo de sus entrañas a la cruz, no para que no se escapara, sino como acto definitivo suyo, una decisión ya tomada. Fue un acto muy difícil para Él, pero tuvo la ayuda del Espíritu Santo: “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios…?” (Heb. 9:14). Y el Espíritu Santo te ayudará a ti a completar el sacrificio que Dios está pidiendo de ti. Tú no puedes, pero Él te ayudará.

            Si obedeces y ofreces a Dios el sacrificio que te está pidiendo, te convertirás en la persona más dulce bajo el sol. Estarás libre de ataduras. Y Dios se encargará de lo que has puesto en el altar. Habrás sacrificado tu voluntad para cumplir la voluntad de Dios. El maligno te dirá que es una locura, un desprecio, innecesario, que serás más útil para Dios si te lo quedas para ti mismo, lo mismo que le dijeron a la mujer cuando sacrificó el perfume que tanto le costó. Pero si no lo haces, esta cosa se convertirá en tu ídolo. Te corromperá. La codiciarás para ti, y te hará miserable. Jesús pudo haber pensado que sería más útil para Dios vivo que muerto, que vivo podría sanar a mucha gente, predicar el evangelio del reino, servir a Dios. Pero, si no hubiese ido a la cruz, no nos habría salvado. Habría muerto de viejo habiendo sido un buen médico de gente que después moriría de todas formas. Pero tuvo que morir para ser nuestro Salvador, para que nosotros pudiésemos vivir eternamente.

            El apóstol Juan ve el peligro de codiciar algo para nosotros mismos y nos advierte del peligro: “Hijitos, guardaos de los ídolos” (1 Juan 5:21). Un poeta escribió:

El ídolo más precioso que he conocido,
Sea lo que sea este ídolo,
Ayúdame a arrancarlo de tu trono,
Y adorarte solo a ti.

La respuesta queda contigo.

Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.