EL CARÁCTER CRISTIANO

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3).

Lectura: Mateo 5:1-10.

            El Señor empezó su ministerio con una proclamación acerca del reino de Dios hablando de las personas que van a estar en él. Primero habló de su carácter y después de su vida, y concluye hablando de los que se salvarán y los que no. Vamos a detenernos un momento para hablar de su carácter, de qué clase de personas son. Al meditar en las bienaventuranzas un poco y juntando las características que Jesús menciona, nos damos cuenta de que el conjunto de ellas forma la descripción de un creyente. No es que algunos creyentes sean misericordiosos y otros tengan un limpio corazón; es que todos son de todo. No puedes tener un limpio corazón y pasar de la justicia, ni puedes ser humilde de espíritu y de armas tomar. No, el humilde de espíritu es también pacificador. El conjunto total es esto: la primera característica que figura en la lista es el pobre de espíritu, el que sabe que su espiritualidad no llega muy lejos. La segunda es el que llora, porque es consciente de sus deficiencias. La tercera es el manso, el humilde. La cuarta es el que desea la justicia, en la sociedad, y en su propia persona. Después viene el limpio de corazón, el que no vive en pecado. Después viene el misericordioso, el compasivo. Sigue el pacificador, el que vive en paz con otros, el que tiene paz dentro de sí mismo, y paz con Dios. Y la última es el sufrido, el que sufre persecución por causa de la justicia.

            Aquí tenemos a una persona que desea la espiritualidad, es consciente de sus fallos, humilde, vive una vida justa, es compasivo, tiene un corazón limpio, vive en paz con otros y con Dios, y está consagrado al Señor y dispuesto a sufrir por Su causa. Este es el carácter equilibrado de una persona buena por dentro y buena por fuera. No es una persona cuya espiritualidad no incluya la justicia en su vida personal y en la sociedad donde vive. No está dispuesto a sacrificar la justicia por amor a la paz. No se jacta de su espiritualidad, ni persigue a otros que no la entienden exactamente como ella. Es misericordiosa en su trato con los que sufren y siempre hace lo que pueda para ayudarlos. La suya es una espiritualidad dentro y fuera de la iglesia. Es una espiritualidad práctica. Es fácil convivir con esta persona. Sufre persecución a manos de los que son menos justos que él, o bien tienen celos de él, o bien lo quieren quitar de en medio porque sus vidas empalidecen al lado de la suya.

            El Señor llama bienaventuradas a estas personas que tienen un carácter con las cualidades aquí nombradas. Son felices, porque viven en paz con Dios y consigo mismos, y con los demás hasta el punto de que sea posible. De ellos es el reino de Dios. Dios va a tener un reino lleno de esta clase de personas. ¡Imagina cómo va a ser la convivencia! Tal armonía el mundo nunca la ha visto. Y un punto más: ¿Cómo se relaciona el Señor con estas personas? A los pobres en espíritu les da sus riquezas espirituales. A los que lloran, los consuela. A los mansos los exalta a posiciones de importancia en su reino. A los que tienen hambre y sed de justicia, los hace perfectamente justos en Él, y les da su Espíritu para que lo sean en la práctica. Tiene misericordia de los misericordiosos. A los de limpio corazón les revela a Dios. A los pacificadores los adopta a su familia como hijos. Y a los que padecen persecución les da el reino. Su galardón será grande en los cielos.

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