ORACION GRÁFICA PARA LA SANIDAD DE LAS HERIDAS (1)

“Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gálatas 2:20).

Lectura: Is. 53:3-6.

            Muchos de nosotros hemos sufrido heridas muy grandes, como el abandono de un padre, la pérdida de un hijo, un divorcio, una violación, malos tratos, cosas muy grandes que nos han dejado marcados, y nos preguntamos cómo se pueden sanar cosas tan importantes. Comparto con vosotros una enseñanza que escuché hace muchas décadas que ha servido toda la vida para mí y para muchos otros. La cruz de Cristo pertenece a la eternidad. Él es “el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8). Aunque su muerte tuvo lugar hace 2000 años, sigue siendo algo que nosotros podemos experimentar y estar crucificados juntamente con Él ahora. Esta es una parte vital de nuestra sanidad. Por lo tanto, acudimos a la Cruz del Calvario con nuestras heridas y contemplamos a Aquel que está colgado allí, repleto de heridas abiertas por todo el cuerpo y oramos algo así:

            Señor Jesús, me paro delante de tu Cruz y te veo desangrando por todas partes. Tu Palabra dice: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Is. 53:4, 5). Pablo fue crucificado juntamente con Cristo, y esto fue después del evento. Yo también necesito serlo. Estoy malherido como tú. A mí me han _____ (cada uno explica su historia). Subo a tu cruz y pongo mi cuerpo encima del tuyo, mis manos donde están las tuyas, mis pies donde los tuyos, y mis heridas junto a las tuyas. Las tuyas supuran y las mías también. Están infectadas, abiertas y la porquería fluye de ellas. Las mías las arrimo a las tuyas para que desangren en las tuyas abiertas, de modo que vayan sangrando hasta que toda la infección de las mías haya entrado en las tuyas y tu hayas asimilado mis heridas en las tuyas. Es un traspaso. Tú estás llevando el pecado hecho contra mí. El dolor que siento lo sientes Tú. El pecado contra mí llega a ser pecado contra Ti. Mi enfermedad es ahora la tuya. Tu identificación conmigo llega a ser completa. Tú estás pasando lo mío. Y tu Palabra dice: “Por su llaga fuimos nosotros curados”; al traspasártelo encuentro sanidad.

            Y, Señor, crucificado junto a ti, siento el latir de tu corazón, ya moribundo, y recibo el amor que fluye con tu sangre desde tu corazón roto. Me estás amando con cada gota de tu sangre. Me siento identificado contigo, tan cerca de Ti, porque mi dolor ya es el tuyo, y mi humillación la tuya. Te lo he pasado todo a Ti y tú lo has recibido dentro de Ti. Nadie ha podido sentir lo que yo he sentido salvo Tú, porque Tú lo has asimilado.  

Y aquí, junto a ti, pido perdón por mi reacción cuando fui herido. He sentido ______ (aquí cada uno identifica lo que ha sentido o pensado. Puede ser odio, anulación, rabia, impotencia, desprecio, rechazo, humillación, rencor, ganas de venganza, etc). Oremos: “Padre, perdona mi reacción pecaminosa. Durante todo este tiempo he sentido (pongamos: “asco por esta persona”, o “he deseado su muerte”, o lo que sea). En mi sufrimiento he pecado también y este pecado ha hecho estragos en mi vida. Pongo este pecado mío sobre el Señor Jesús en la Cruz, “porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 2:18). Gracias, Padre, porque Tú aceptas su pago por mi pecado. Amén.

Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.