“Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuerte de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13, 14).
Lectura: Juan 4:31-34.
En este capítulo Jesús revela cómo Él se sostenía, y cómo se sostiene todo creyente. Vivía en un cuerpo físico, sin embargo, se sostenía de una comida espiritual. Lo mismo nosotros. En la primera parte de la conversación con la mujer samaritana ella está hablando del agua física y Él está hablando del agua espiritual. En la segunda parte, en la conversación con sus discípulos, ellos están hablando de la comida física, y Él está hablando de la comida espiritual. Veamos.
Jesús pide agua a la mujer que vino al pozo para sacarla. En lugar de darle de beber, ella se pone a preguntarle cómo es que habla con ella puesto que ella es mujer, y, además, samaritana, cuando los judíos y los samaritanos no se trataban entre sí. Para convencerla que lo haga Él le dice que puede darle agua viva, si se lo pide. Ella todavía no le da de beber, pero le pregunta: “¿De dónde, pues, tienes el agua viva?”. Muy buena pregunta. Lástima que no espere la respuesta, sino que hace otra pregunta, porque nos habría gustado oír su respuesta. ¿De dónde consigue Él el agua viva? A veces nosotros nos hemos hecho la misma pregunta. ¿Cuál es tu respuesta? Lo que dice Jesús es complejo, pero es más o menos que tienes que saber cuál es el Don de Dios y quien es Jesús y luego pedírselo. ¿Pedir qué? Pedir el Espíritu Santo de Jesús. Si lo haces, el Espíritu Santo será en ti como una fuente y puedes beber de Él y recibir vida eterna. O sea, solo has de pedirle una vez y ya tendrás la fuente de agua viva dentro de ti. Claro, solo se pide el Espíritu Santo una vez, pero luego tienes que aprender a beber continuamente de Él. Muchos lo tienen, pero no han aprendido a beber de Él. Esto se hace aprendiendo a vivir en el Espíritu (Romanos 8).
¿De dónde tenía Jesús el Espíritu Santo? Nació del Espíritu y fue bautizado por el Espíritu para capacitarlo para su ministerio (Mat. 3:16). El Espíritu Santo estaba en Él y, después de Pentecostés, él pudo transmitirlo a cualquier persona que se lo pidiera.
Luego tenemos la cuestión de la comida. Los discípulos habían ido a comprar al pueblo y traían comida para Jesús. Le dijeron: “Rabí, come”. Él les sorprendió diciendo que ya había comido. Los discípulos se hacían la misma pregunta que la mujer: “Le había traído alguien de comer?”. ¿De dónde tenía la comida? Jesús se lo explica: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”. Lo mismo tiene que ser cierto de nosotros. Esta es una comida espiritual, lo mismo que la bebida es espiritual, pero es lo que realmente satisface a una persona física. Lo físico no satisface lo material, lo espiritual sí lo hace. Dios nos hizo seres físicos que necesitamos ser satisfechos espiritualmente. Si vivimos en el Espíritu sabemos cuál es la voluntad de Dios para nosotros, recibimos el poder para hacerlo y esto nos llena. Así es como vivía Jesús: bebía del Espíritu que estaba en Él y, dirigido por Él, hacía la voluntad del Padre. Aquí tenemos la interdependencia entre las Tres Personas de la Trinidad mientras Jesús estaba en la tierra en forma humana, y sirve como modelo para nosotros durante nuestro peregrinaje.
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