NUESTRA AUTORIDAD

“Solamente dí la palabra, y mi criado sanará, porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados: y digo a este: Vé, y se va; y al otro: Ven, y viene: y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (Mateo 8:8-10).

Lectura: Mat 8:5-13.

            El siervo del centurión estaba “postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado”. Parece que lo que tenía era un espíritu malo. Jesús se ofreció para ir a su casa, cosa que un judío no podía hacer, entrar en casa de un gentil. Sabiéndolo, el centurión le dijo que no hacía falta que viniese a su casa, que lo podía sanar desde lejos, solo dando la palabra, y el siervo sería sanado, porque Jesús tenía autoridad sobre las enfermedades de la misma manera que él (el centurión) tenía autoridad sobre los soldados en su compañía. Las enfermedades estaban obligadas a obedecer las órdenes de Jesús. La autoridad del centurión venía de Roma, porque él estaba bajo sus órdenes, con la autoridad del Emperador. La autoridad de Jesús venía por estar bajo las órdenes de Dios. Y la autoridad nuestra viene por estar bajo las órdenes de Jesús.

            ¿Te das cuenta de lo que significa estar bajo la autoridad de Jesús para nosotros? Significa que el demonio oye la voz nuestra como si fuera la voz de Jesús, y la obedece, porque estamos respaldados por Su autoridad. Selah. Hay que meditar en esto y aplicarlo a nuestra vida de oración. Se ve que ciertas enfermedades están causadas por demonios, ¡a no ser que ya no haya demonios en el mundo, ni enfermedades, ni maldad! 

            El Jesús resucitado dijo a sus discípulos: “Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también os envío” (Juan 20:21). ¿Cómo los envió? “Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia” (Mat. 10:1). Los envío en el poder del Espíritu Santo (Juan 20:22) y bajo su autoridad. “Y les dijo: He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán…” (Mat. 10:16, 17). Esta es la autoridad que el Señor nos ha dado, y hemos de aprender a usarla correctamente, discerniendo su voluntad y siguiendo sus órdenes.

            De sus palabras nos damos cuenta de que estamos en una guerra espiritual. Somos sus soldados bajo su autoridad, con la posibilidad de ver su poder obrando por medio nuestro. Con esta visión, la oración funciona algo así: Damos una orden. Sube a la presencia del Señor en el cielo y también va a la situación que enfocamos. Jesús recibe la oración y obra sus milagros en esta situación. Nuestras oraciones ponen en marcha su voluntad.

El Dios soberano ha determinado usarnos a nosotros como sus soldados bajo su voluntad y con su autoridad. Selah.

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