“María, cuando llegó a donde estaba Jesús, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano” (Juan 11:32).
Lectura: Juan 11:28-33.
(Becky también ha leído esta historia y ha escrito su comentario:) “Cuando leí estos versículos pude sentir la desilusión de María. María y Marta habrían pensado que su única esperanza era Jesús. Así que enviaron un mensajero pidiéndole que viniese, y su Amigo no vino. Habrían sentido una profunda desilusión.
Cuando María aún estaba en la casa y Marta “fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama” (11:28), no sé si María ya sabía que finalmente Jesús había llegado y que Marta había hablado con Él y que, al saberlo, no había querido hablar con Él, que se había quedado en casa, pero que cambió de opinión cuando su hermana le dijo que Jesús estaba y que preguntaba por ella. No me sorprendería. Creo que las dos tuvieron el mismo sentir, de que Jesús no había satisfecho sus expectativas. Habían puesto sus esperanzas en Jesús, y Él no vino. No dudaron de que él era el Mesías, el Redentor prometido a Israel, ninguna de las dos dudó esto, ni por un minuto, pero habían esperado que Él sanara a su hermano, y habían afrontado esta situación pensando que sabían en quién podían confiar, y que Él no las decepcionaría. Ahora ha venido, Jesús está allí delante de María, y ella tiene el corazón doblemente roto, porque su hermano ha muerto, y también porque Jesús no vino.
Hay muchas veces que llamamos a Jesús a entrar en nuestra situación y simplemente no viene. Para mí, me siento indigna de pedirle que venga, y cuando no viene, no me sorprende, porque no lo merezco. Para otras personas la situación puede ser diferente, puede crear una sensación de dudas para ellas. A veces, al orar, me da la sensación de que estoy hablando al vacío, pero entonces el poder de mi testimonio me habla, y me acuerdo de que “vencieron por medio de la sangre del Cordero y por el poder de su testimonio” (Apoc. 12:11), y me acuerdo de que Él es el único que tiene palabras de vida eterna (Juan 6:68); no obstante, hay muchas veces en la vida en que tenemos que ponernos delante de Jesús y decirle: “Señor, si tú hubieses estado aquí, esto o aquello no habría ocurrido”.
He puesto a mi marido muerto espiritualmente delante del Señor muchas veces, y a mis hijastras, también a mis amigos muertos espiritualmente, y el Señor no ha venido, pero “también sé ahora, Señor, que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará” (11:22). Pido que entres en las vidas de (y ahora sigue una muy larga lista de personas amadas por las cuales estoy orando). La lista es interminable, Señor, pero pido que entres en varias situaciones concretas, y creo que vendrás, creo que vendrás, y que será antes de la resurrección de los muertos. Señor, pido que actúes poderosamente en las vidas de todas estas personas. En el nombre de Jesús, amén”.
[1] Compartido por Becky Cretney
Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.