¿SOMOS DISCÍPULOS DE QUIÉN?

“El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿Por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos” (Juan 9:27, 28). 

Lectura: Juan 9:24-34.

            Esta confrontación entre el hombre que Jesús sanó y los fariseos ha llegado a un punto interesante. El hombre ha dado en el clavo. La cuestión es si queremos ser discípulos de Moisés o de Jesús. ¿Discípulos de quién somos? Para determinarlo vamos a hacernos un chequeo:

  1. ¿Valoro más hacer lo correcto, o amar a la gente?
  2. ¿Prefiero corregir a la gente, o introducirla en mayor libertad?
  3. ¿Me cuesta recibir el perdón de pecados, o lo voy confesando vez tras vez?
  4. ¿Pienso en mí mismo como pecador, o como ex pecador?
  5. ¿Puedo creer que Dios ha perdonado a una persona, o tengo que recriminarle su pecado muchas veces?
  6. ¿Me es más fácil ver lo bueno de una persona, o de qué pie cojea?
  7. ¿Qué me cuesta más: amar o juzgar?
  8. Cuándo miro a una persona, ¿en seguida me viene una sensación de gratitud por ella, o una censura?
  9. ¿Para mí lo más importante es enseñar a una persona, o fomentar sus dones?
  10. ¿Juzgo a la gente con facilidad?
  11. ¿Pienso que cada pecado merece un castigo y lo implemento si puedo?
  12. ¿Al orar, pido al Señor que sea más disciplinado, o más amoroso?
  13. Como padre o madre, ¿mi meta es tener hijos obedientes y controlados, o hijos seguros y capacitados?
  14. ¿Qué valoro más: conocimiento bíblico, o semejanza a Jesús?
  15. ¿Mi concepto del Dios del Antiguo Testamento es más como un Dios de amor entrañable o como el de un Dios enjuiciador que dio los diez mandamientos?
  16. Cuando pienso en David, la primera cosa que viene a mi mente ¿es su pecado con Betsabé, o que era un hombre según el corazón de Dios? 
  17. ¿Me cuesta asociar al David salmista con el David guerrero?  
  18. ¿Paso más tiempo alabando al Señor y dándole gracias, o pidiéndole que sane a enfermos?
  19. ¿Me veo más como una persona a la que Dios ama, o como una persona que aún tiene mucho que aprender?
  20. ¿He entrado en la libertad gloriosa de los hijos de Dios, o estoy luchando y esforzándome para mejorar?

Si resulta que has visto que eres legalista, has identificado una fortaleza en tu vida que condiciona tus relaciones: afecta a tu relación con Dios, con los demás y a tu concepto de ti mismo. Es un fundamento falso de la vida. Es el empezar por el Espíritu y terminar por la carne de Gal. 3:1-3. Estudia el libro de Gálatas y pide al Señor que te ayude a entrar en una nueva fase de vida, a saber, la vida en el Espíritu de Romanos 8. 

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