LA SOLUCIÓN DE HABACUC (3)

         

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar” (Habacuc 3:17-19).

Lectura: Habacuc 3:6-16.

¿Cómo evitó el profeta Habacuc caer en la desesperación?

            Cuando Dios le reveló al profeta que vendría un ejército invasor que destruiría a Israel sin escapatoria posible porque Dios lo tenía como instrumento de disciplina por la maldad de su pueblo, Habacuc pensó en las consecuencias y su alma retrocedió dentro de él. El ejército babilónico era notorio por su crueldad. La invasión significaría muerte, o bien, por la espada, o bien hambruna y muerte lenta. Habacuc hizo el cálculo: no habrá frutales, ni fruta, ni aceite, ni pan, ni verduras, ni legumbres, ni carne, ni queso, ni leche; no habrá nada para llevarse a la boca. Aceptó esta realidad y dijo que no le iba a quitar su gozo en el Señor. ¿Cómo lo hizo? ¿Por qué no se hundió?  No se desesperó:

  1. Por la fe en Dios (Hab. 2:4).

Dios le había dicho que “el justo por su fe vivirá”; o sea, vivirá por la fe, no por la comida, y vivirá eternamente. Habacuc asimiló lo que iba a pasar y lo aceptó con confianza en Dios, que Dios en su sabiduría estaba haciendo lo mejor, aunque para él implicara mucho sufrimiento.

  1. Por su conocimiento de los rescates de Dios en el pasado (Hab. 3:13).

Habacuc hizo un repaso de las grandes obras de Dios en la historia de su pueblo. Recordó sus milagros, sus victorias en batalla, que Israel siempre había salido a flote en circunstancias imposibles, y por eso tuvo esperanza.

  1. Por su conocimiento de Dios y su Palabra (Hab. 1:1-4; 3:1-4).

Tuvo una visión de la grandeza, la misericordia, la ira y el amor de Dios tal como Él se reveló por medio de las Escrituras, pensó en su poder y grandeza en la naturaleza, en su omnipotencia, y descansó en su carácter y en su capacidad para llevar a cabo todos sus buenos propósitos.

  1. Por una fuerza sobrenatural procedente de Dios (3:19).

El profeta contaba con el poder de Dios fortaleciéndolo en la hora negra. Creía que cuando viniese lo peor, Dios mismo le daría fuerza para soportarlo. Dios no obraría un gran milagro para que el ejército volviese a casa; vendría, pero Dios estaría con Habacuc en los momentos terribles que se iban a presentar y le daría la ayuda necesaria para soportarlo. Dios le daría los recursos anímicos y espirituales necesarios para ser victorioso en medio de la derrota.

Y lo mismo es cierto de nosotros. Con una fe fuerte en Dios en medio de la angustia, con una mente refrescada que recuerda las grandes obras de Dios en el pasado, con un conocimiento adecuado de la Palabra de Dios y la revelación de su carácter, y con el equipamiento especial de Dios en el momento de la necesidad, podemos superar lo peor imaginable, que muy posiblemente se hará realidad, y eso, sin desesperarnos, con la fe intacta y con gozo en el corazón.    

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