¿CÓMO LE RESPONDEMOS?

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Cor. 8:9).
 
Lectura: 2 Cor. 8:1-5.
 
Ofrendar es solo una pequeña manera de responder al inefable don que Dios nos ha dado en Cristo. Las iglesias de Macedonia no ofrecieron su dinero sin antes entregar sus vidas y sus cuerpos al Señor en sacrificio vivo como expresión del amor de Dios que les fue derramando en abundancia en Cristo Jesús. Este himno nos invita a considerar cómo nosotros hemos respondido a la rica generosidad de nuestro Salvador. 
 
Mi vida di por ti,
Mi sangre derramé,
Por ti inmolado fui
Por gracia te salvé
Por ti, por ti, inmolado fui;
¿Qué has dado tú por mí?
 
Mi celestial mansión
Mi trono de esplendor,
Dejé por rescatar
Al mundo pecador.
Sí, todo yo dejé por ti
¿Qué dejas tú por mí?
 
Reproches y aflicción
Y angustias yo sufrí,
La copa amarga fue
Lo que yo por ti bebí
Reproches yo por ti sufrí
¿Qué sufres tú por mí?
 
De mi celeste hogar
Te traigo el rico don,
Del Padre, Dios de amor
La plena salvación;
Mi don de amor te traigo a ti
¿Qué ofreces tú por mí?
 
Lo único que podemos hacer es lo que dice Pablo: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo a Dios”, como respuesta lógica a su amor indescriptible.

 

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